*—Layonel:
El deseo que ardía en su interior era como un fuego imposible de apagar. Quería sentirlo, piel contra piel, sin ninguna barrera entre ellos. Con una impaciencia apenas contenida, Layonel comenzó a deshacerse de su propia ropa. Cada prenda que caía al suelo parecía aumentar la expectación en el ambiente. Cuando terminó, se encontró completamente desnudo, y su miembro, ya duro y listo, se erguía orgulloso ante la intensa mirada de Damien.
Sin apartar los ojos de él, Layonel envolvió su