*—Layonel:
La velada en el restaurante había sido maravillosa. Layonel había tomado quizá una copa de vino de más, lo suficiente para sentir su cabeza ligera, pero no tanto como para marearse. Sabía que cuando regresaran a casa, el ligero aturdimiento desaparecería, sobre todo si Damien lo besaba como sabía hacerlo. Solo pensar en tenerlo cerca, desnudo y dispuesto, hacía que su piel se calentara.
Se apoyó en Damien mientras subían en el ascensor, abrazándolo por la cintura, disfrutando