—Por favor, Alec, no te folles también a mi hija —gimió mi mamá entre respiraciones entrecortadas mientras miraba hacia atrás a mi padrastro.
Luego giró la cabeza hacia mi prometido, mientras los hombres que se reían seguían entrando y saliendo de mi mamá, y continuó suplicando:
—Por favor, hijo. No así, Xander. Mi Betty te ama tanto.
—Más razón para convertirla en la puta de nuestra familia. Igual que su mami —dijo Xander con voz ronca y baja, sus ojos volviéndose siniestros mientras se burlab