—Crié a una puta de mierda, Ellie. Gracias a Dios que no eres mi hija de verdad. ¿Cómo carajos iba a mantener las manos alejadas de ti si estás constantemente rogando por esta polla?
—Pero papá… —intentó argumentar ella.
Un golpe seco en la puerta los hizo congelarse a ambos por un segundo, cortándola a mitad de la frase.
—¿Ellie? Tus amigas de la universidad están afuera esperándote —llamó su mamá alegremente desde el pasillo.
La mano de Jo se cerró bruscamente sobre la boca de Ellie justo cua