MATÍAS ZANNIER
Llegué con un enorme ramo de flores al hospital. Todos me saludaban con el respeto y agrado que siempre quise recibir. Era el abogado, el licenciado respetable y admirado. Llegué hasta la habitación de Gianna, donde estaba terminando de alistarse para ser dada de alta.
Entonces sentí un doloroso retortijón en el corazón cuando se acercó a la pequeña cuna y alzó a su hija. Era una escena que pudo ser mía. Esa criatura pudo ser mi hija. Después de perder a Gianna, me invadió el remo