GIANNA RICCI
Me senté frente a los rosales, en esa vieja banca de cemento, y sonreí divertida. ¡Había funcionado! ¡El idiota se había tragado completito el engaño!
El lugar donde almorzamos era muy parecido a la cafetería donde tuvimos nuestra primera cita. Fue interesante ver cómo su mirada se convertía en dolor con cada comentario o acción que lo hacía recordar a su esposa muerta. Comprobé que en verdad estaba lleno de remordimiento por lo que me había pasado. ¡Qué bueno! ¡Es lo mínimo que po