LEONEL ARZÚA
—No es necesario que vayas a ese convento… Si quieres puedes quedarte en mi hogar, hay muchas habitaciones —dije mientras conducía. El viaje en avión fue agotador y lo único que quería era llegar a casa a descansar.
—No puedo vivir sola con un hombre… Es incitar al pecado —contestó con firmeza, haciéndome sonreír.
—Ya te dije que no me gustan las mujeres vestidas de pingüino —respondí rascándome la ceja. De inmediato me dio un manotazo, provocando que pudiera ver su rostro indignad