65. La casa vacía y la sombra del demonio
El rugido del motor del coche alejándose desapareció por completo de los oídos de Elara. La puerta principal de la mansión Thorne se cerró con un clic electrónico, aislándolos del mundo exterior.
Elara seguía petrificada frente a la nevera abierta. El aire helado que salía del interior le calaba el pijama. Su corazón latía como si acabara de correr varios kilómetros. La pequeña farsa de hace un momento la había dejado sin energía.
Aquel demonio era un excelente actor. Jaxon se había bebido su le