66. El sonido del teléfono y un gemido ahogado
Jaxon cortó la llamada. Agarró una camisa negra de su armario, abierto de par en par, y se la puso con un movimiento brusco. Sus ojos ardían con un aura letal. El hombre tomó las llaves de su motocicleta y su cartera de la mesa.
—¿Te vas? —preguntó Elara, preocupada. Dio un paso adelante—. Pero tus heridas aún no han sanado por completo.
—Tengo asuntos que no pueden esperar —respondió Jaxon con frialdad, sin mirar atrás. Se peinó el cabello negro con los dedos—. Vuelve a tu habitación. Es probab