31. Los frenos del demonio
El Dodge Charger negro salió disparado por la carretera mojada del muelle, dejando una espesa estela de humo blanco a su paso. El corazón de Elara golpeaba con fuerza contra sus costillas, como si intentara escapar de su pecho.
Miró de reojo la mano derecha de Jaxon, que se aferraba al volante. El esparadrapo negro de sus nudillos se había desgarrado por completo, dejando que la sangre fresca goteara, empapando sus vaqueros y el cuero del volante.
—¡Tu mano está sangrando muchísimo, Jaxon! —gri