32. El trono de la reina y el maletín ensangrentado
El silencio dentro de la cabina del coche era tan denso que casi se podía cortar, solo interrumpido por el sonido de la llovizna y sus respiraciones agitadas.
La declaración de Jaxon acababa de paralizar por completo el sentido común de Elara. Esta noche, tú eres mis frenos.
Las lágrimas que Elara había estado conteniendo finalmente rodaron por sus mejillas. Bajó la mirada hacia el dorso de la mano derecha de Jaxon, que estaba destrozada y aún goteaba sangre fresca sobre el volante. Sin dudarlo