UN JEQUE PARA UN HAREM
CAMIL ARAY
Llegamos al aeródromo en una camioneta Cadillac blanca, de las del servicio oficial del Jeque. El trayecto a la terminal aérea fue tranquilo y rápido, y desde que salíamos de la mansión, el piloto de la aeronave avisó vía telefónica que todo estaba preparado para volar.
El auto se detuvo, y yo apreté a Emira contra mi pecho… en esta tierra la había concebido, y ahora nos marchábamos sin saber si volveríamos pronto a plantar nuestros pies en la península más g