UN TEST DE ADN
CAMIL ARAY
Llegamos a Los Ángeles, y allí en la pista nos esperaban Atenea y Amiel Aray. No se porque sentí que era algo así como héroe de Guerra con ese recibimiento.
Atenea me abrazó con el cariño de siempre, ella desde que llegó siempre había intentado ser una hermana mayor, aunque yo al principio no pude verlo. Luego susurro algo en mi oído.
—¡Gracias al cielo pudiste aplacar a la bestia!— dijo en una risita nerviosa y culpable —. La verdad es que me sentía muy culpable de