MIS ASUNTOS Y MI TIEMPO
FARID ARAY
Minutos más tardes acomodados en el salón, y más calmados; Camil estaba sentada con Emira en su regazo. La revisaba completa, y la contemplaba como si hiciera más de mil vidas que no viera a su hija.
Juntas eran un espectáculo tan hermoso que no podía hacer otra cosa que admirarlas. Ambos sabíamos que discutir abiertamente frente a Emira sería un error garrafal, pues nuestra hija a pesar de tener solo seis años era demasiado perceptiva.
—No quiero discutir—