La magia se había roto. Como un cristal que se hace añicos en cámara lenta, cada fragmento reflejando momentos de lo que pudo haber sido, la magia se había roto y ahora solo quedaban esquirlas cortantes esparcidas por el suelo de terciopelo.
Marco se disculpó con la elegancia de un actor consumado, inventando una excusa sobre un "asunto urgente" que sonó tan ensayada que Lucía se preguntó cuántas veces la había usado antes. Se despidió de ella con una mirada cargada de promesas que ahora sabían