El intercomunicador cortó el aire como una cuchilla, su zumbido eléctrico perforando la concentración artificial que Lucía había construido alrededor de los números del informe trimestral. Cada dígito en la pantalla se difuminó hasta convertirse en jeroglíficos incomprensibles mientras la voz familiar se derramó por el pequeño altavoz.
—Lucía, ¿podrías venir a mi oficina?
La voz de Daniel. Grave como siempre, pero había algo más... una textura que no lograba identificar. Como terciopelo sobre a