La cena había sido una tregua frágil, un intento de ambos por regresar al territorio conocido de su intimidad. Daniel había recogido a Lucía en su apartamento, y ahora estaban en el salón de él, rodeados por el lujo minimalista que él había cultivado como una armadura contra el caos de su doble vida.
La luz de la luna se filtraba por las ventanas de piso a techo, creando patrones plateados sobre el suelo de mármol. Era hermoso y frío a la vez, como todo en la vida de Daniel.
—Daniel —la voz de