DIÁVOLO III. CAPÍTULO 28. Déjame
DIÁVOLO III. CAPÍTULO 28. Déjame
Era el mejor infierno del mundo penetrarlo, verlo sudar, resistir, morderse los gritos, ver la forma en que cada músculo de su espalda se tensaba y cómo trataba de arquearse inconscientemente para recibir menos.
—No, no, mocoso… los caballeros son valientes, los caballeros aguantan como hombrecitos, ¿recuerdas? —le advirtió saliendo casi completamente—, Y tú no pediste compasión.
Presionó despacio su espalda hacia abajo y un último jadeo escapó de sus labios.
—P