57.
SOPHIE
Me quedo inmóvil.
No es una quietud consciente, es el cuerpo el que se apaga por unos segundos, como si no pudiera procesar lo que acaba de pasar. El aire se me queda atrapado en el pecho y tengo que recordarme respirar. Mis dedos se aferran a la tela de la bata, recién ahora consciente de lo poco que me cubre, de lo expuesta que estoy, no solo físicamente sino por dentro.
Roger.
El hombre que estuvo frente a mí hace apenas unos segundos no se parece al Roger que conozco. O al qu