SOPHIE
Llego a casa con el cuerpo rendido pero con el corazón extrañamente lleno. Max duerme pesado en el asiento trasero, con la cabeza ladeada y la boca entreabierta, como si el día entero hubiera sido una acumulación imposible de contener dentro de él. Y, en cierto modo, lo fue. Me estaciono frente al edificio y por un momento no apago las luces; solo lo observo dormir, con esa paz que pocas veces logra sostener por tanto tiempo. Me invade una mezcla rara: orgullo, alivio, y esa punzada tibi