21.
ROGER
No debería estar despierto a esta hora. El reloj marca las tres y cuarenta y dos de la madrugada, y aun así, sigo girando entre las sábanas frías como si las agujas del tiempo se hubieran clavado en mi piel. No hay postura, no hay silencio, no hay pensamiento que consiga arrancarme de esta lucidez indeseada en la que el insomnio se vuelve un animal que respira pegado a mi nuca. Y todo tiene un nombre: Christopher. Lo murmuro en la mente como si fuera un veneno sin antídoto, como si pronun