Olivia Grace ofreció una sonrisa tenue mientras Hunter Jackson, su esposo, la echaba sin piedad del dormitorio principal.
No era una sonrisa de felicidad; no, era la sonrisa final de alguien cuyo corazón había sido desgastado hasta volverse insensible.
—Nunca pensé… que por Shopia Joy me tratarías con tanta crueldad, Hunter —pensó Olivia con amargura, tragándose el ardor que subía por su pecho.
Con la cabeza en alto, tomó con fuerza la mano de su pequeña hija, Elliana, que miraba a su padre con