Un golpe suave se oyó en la puerta.
Olivia acababa de salir del baño cuando vio a Hunter parado en el umbral de la sala. Su rostro se veía cansado, los ojos rojos, el cabello despeinado como si no lo hubiera peinado en todo el día.
—Olivia —murmuró suavemente—. ¿Podemos hablar?
Olivia no respondió. Se echó una toalla pequeña sobre el hombro y caminó hacia la sala.
—Si solo viniste a decir “gracias por dejarme quedarme”, ahórratelo. No necesito charlas vacías.
Hunter bajó la cabeza brevemente y