La pequeña casa en las afueras de la ciudad se sentía insoportablemente silenciosa. Sus estrechas paredes parecían cerrarse, asfixiando a cualquiera que entrara. Shopia Joy arrojó su bolso al sofá con fuerza, el sonido resonando en la habitación débilmente iluminada.
Sus ojos miraban con furia a Jackson, quien permanecía en el umbral de la puerta, aún con su traje arrugado después de un largo día en la corte.
—Honestamente, me arrepiento de haberte casado, Jackson —dijo Shopia con voz elevada,