Después de recibir una donación de sangre de Hunter Jackson, Eliana comenzó a abrir lentamente los ojos. Sus párpados, antes cerrados con fuerza, ahora parpadeaban contra las luces fluorescentes sobre su cama de hospital.
—¿Mami? —susurró débilmente.
Olivia, que había estado sentada fielmente al lado de su hija, se inclinó de inmediato. Lágrimas brotaron y rodaron libremente por sus mejillas mientras tomaba la pequeña mano de Eliana.
—¡Eliana, estás despierta, cariño! —su voz temblaba, cargada