DONNA CRUZ
—Si no está dispuesta a unirse a nosotros, no le veo sentido mantenerla viva —dijo Carla levantando su arma hacia mí. Ni siquiera me preocupé, estaba esposada a la cabecera de la cama. No podía gritar, pues estaba amordazada. Solo podía esperar pacientemente.
—No tuviste el valor de matar a tu padre, pero… ¿si de matarla a ella? —preguntó Jerry sentado cómodamente en el sofá de la esquina, mientras veía todo con calma.
—No es como nosotros —agregó Carla alzando el percutor, lista pa