JIMENA RANGEL
Todos esperábamos pacientes en la corte, mientras yo le daba vueltas a mi bastón, impaciente por ver llegar a D’Marco y su séquito de abogados, pero los minutos pasaban y ni siquiera llegaba algún mensajero para justificar su ausencia. El juez ya estaba desesperado y había dado un receso para hacer tiempo, pero parecía que no sería suficiente.
—¿Le habrá pasado algo? —preguntó Eliot torciendo la boca. Sabía que no quería estar aquí, perdiendo su tiempo cuando podía estar con Cri