ELIOT MAGNANI
Por suerte Mario le arrebató el florero a Gerardo antes de que causara un desastre.
—Pensé que no querían a su hermanita —pregunté levantando una ceja.
—No es que la queramos… —dijo Gerardo dando saltitos para alcanzar el florero que Mario mantenía en alto—. No significa que de pronto haya dejado de ser fea o que nos caiga bien… es solo que… pobrecita.
—¡Escúchala! ¡Llora muy feo! ¡Algo le debe de doler mucho! —exclamó Leonardo angustiado y casi al borde del llanto.
—Solo la es