Capítulo cuarenta
“Mi madre dice que hay que pedirle a Dios que nos cuide de las aguas tranquilas, porque de las tormentosas nos encargamos nosotros. Pero… ¿Y si al final las dos son en extremo peligrosas? ¡Prefiero no nadar! Ni siquiera meter el pie. Estoy segura de que mi madre lo decía con un sentido metafórico… Y ¡yo también!

Awa

—Litia, ¿podrías explicarnos qué está pasando? —Mi padre no habla mucho, pero cuando lo hace, es mejor escucharlo y responderle.

—Padre, lo siento, yo… Era joven y acabab
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