Mundo ficciónIniciar sesiónAwa tiene un grave problema... Fue diagnosticada con personalidad obsesiva y está obsesionada con su exnovio con el que deseaba tener hijos y que, sin dudarlo, le fue infiel. Tiene una orden de alejamiento, que no ha logrado cumplir, por lo que se ha convertido en una asidua visitante de la comisaría de policía. Vico también tiene un problema... Aparte de ser el mejor amigo de Awa, a quien debe constantemente sacar de la comisaría de la policía; no le ha contado a sus padres que es gay y ellos desean que se case pronto y que tenga un hermoso heredero y, para más inri, que sea varón, ¡por supuesto! Milo no tiene problemas evidentes, ni vela en este asunto; pero por cosas del destino, o por la obsesión de Awa, la termina conociendo y ella en segundos le vuelve la vida patas arriba. A Awa se le ocurre una idea increíble que involucra a su amigo Vico y que, según sus cálculos, solucionará el problema de los dos, solo que no contaba con conocer a Milo y con que una sencilla inseminación artificial, al final, no fuera tan sencilla como ella creía, ni tan artificial... No te pierdas esta loca y hermosa historia, con dos amigos, un ginecólogo increíblemente guapo y millonario; muchos enredos, aventuras, humor, romance, amor, malentendidos, bebés, pañales y biberones por doquier.
Leer más“Estaba segura de que coincidir con alguien en un mismo lugar no era acoso, no pueden detenerme por eso, ¿verdad? Es solo una coincidencia. Aunque… Si ha pasado más de cinco veces consecutivas y con tu ex, ¿seguiría siendo una coincidencia?”
Awa
Hospital maternal
Niza, Francia
Soy una persona tranquila, confiable, sincera; siempre me ha gustado ayudar a los demás. Es más, ¡ayudo hasta a los cachorritos, gatitos y personas desamparadas y desprotegidas! ¡Lo juro! Y considero que mi vida ha sido muy buena hasta ahora, sin contar el momento en el que el idiota de Iván me dejó por otra mujer; estoy segura de que si me hubiese engañado con un hombre, no me hubiese dolido tanto. En ese momento, me perdí un poco. ¡Pero solo un poquito! Y hice cosas de las que no me siento muy orgullosa. Nada grave, por supuesto, cositas como romper el vidrio panorámico del coche del innombrable e imbécil de mi ex, porque la verdad es que el espejo retrovisor es muy pequeño, no es costoso y se consigue en cualquier parte, así que no valía mucho la pena.
Hice otras cosillas como cambiar la cerradura de su casa, enviarle a su trabajo una corona de flores de condolencia, escribir en el perfil de su nueva novia que ella era una Z... Con mayúsculas. Esa parte fue muy infantil, ¡lo reconozco!
¡Bueno!
Solo hice cositas varias y sencillas, como lo hace todo el mundo, como cuando uno está despechado. ¡Normal!
Por eso estoy segura de que esto que estoy haciendo en este momento no está mal, o bueno, sí, quizás, tal vez un poquito. Solo que en la vida todo es relativo y en mi relatividad pienso que no va a afectar a nadie, así que: ¡no está mal!
Aunque si Vico se entera, a lo mejor no estaría de acuerdo con esto. Va literalmente a matarme; es que le prometí que no volvería a caer, que sería fuerte y decidida como una amazona, y juro que hasta ahora lo he sido y he cumplido mi promesa como una girl scout, lo he hecho durante más de seis meses ¡Y he contado cada uno de ellos!
Es que todo lo que está pasando ahora es culpa de las redes sociales, las cuales, en un estado normal, detesto. O eso trato de pensar porque, en realidad, no sé cómo resistirme a ellas y, al final, sucede lo que acaba de pasar: terminé mirando en todas y cada una de ellas el perfil de Iván, el imbécil innombrable.
Y ahora estoy aquí en una estúpida clínica de maternidad, clavándome yo misma el cuchillo más adentro de una herida que todavía no ha sanado.
He descubierto que soy una completa adicta y lo peor es que no lo soy a las drogas, lo soy a él, a Iván, al hombre que me destrozó y me cambió por otra. Al final tendré que hacer lo que me ha dicho Vico: borrón y cuenta nueva.
El problema es que no logro encontrar un borrador de calidad que no deje manchas negras.
—¡Ten cuidado! —Unas fuertes manos me sostienen en el preciso momento en el que Iván se vuelve a mirar hacia el lugar donde estoy intentando esconderme.
¡Dios mío! Va a verme, se dirige directo hacia este lugar con su hermosa y grandiosa esposa embarazada.
¡Estoy en problemas!
—¡Espera! —Tomo de la mano al chico que ha intentado evitar mi caída, tiro con fuerza de ella y pierdo el equilibrio; mi cabeza golpea contra la pared.
¡Mierda!
—¿Qué haces? —El chico, que en realidad es todo un hombre, intenta zafarse del agarre de mis manos.
Van a pasar en este preciso momento por mi lado y la verdad es que, con mi vestido dorado y vaporoso, no creo que pueda pasar desapercibida.
¡Soy una pésima acosadora! Aunque, teniendo en cuenta mi perspectiva, no estoy acosando a nadie. Solo estoy aquí observando el paisaje.
—Lo siento, de verdad, pero es una urgencia —digo deprisa y llevo mis manos al cuello del chico, que en realidad es más alto de lo que pensaba. Me inclino para poder presionar mis labios contra los suyos, lo giro y retrocedo, pegándome contra la pared.
El chico, bastante impresionado, levanta sus manos para luego llevarlas hasta mi cintura en el momento en el que retrocedo, intentando separarse de mí y evitando caerse contra mi cuerpo. Duda unas milésimas de segundo, para enseguida tomar mi cintura con posesión y el beso cambia por completo.
Olvido por qué ha empezado; el sabor de sus labios me embriaga y por unos segundos pierdo el sentido de lo que estaba haciendo; mariposas vuelan en mi vientre hasta llegar a mi intimidad.
Pero, ¿quién es este chico?
—¿Necesitas algo más? —pregunta terminando con el beso; se pasa un dedo por su labio inferior y me guiña un ojo. —Gracias por el momento intenso e inesperado, pero el deber me llama. —Lo observo en ese momento y me quedo con la boca abierta.
El chico, que en realidad no lo es, porque es un hombrerón; aunque creo que eso ya lo había dicho. Lleva unos jeans negros y una camiseta gris y sobre esta tiene puesta una bata blanca, como de las que usan los médicos en las series.
¡Maldición! He besado a un médico de la clínica.
—Lo siento de verdad, era una urgencia —repito.
Busco con la mirada al imbécil innombrable; ya se me ha pasado el efecto del beso y ahora debo seguir con mis asuntos, o sea, persiguiendo a mi droga, mejor dicho, persiguiendo a Iván y principalmente admirando el paisaje.
—Ya me lo habías dicho —responde el hombrerón, mientras observo por primera vez sus intensos ojos azules.
¡Ay, Dios mío! ¿Son reales? Tan cristalinos que hacen un contraste sorprendente y magnífico con su cabello oscuro. Sin embargo, en este momento, no puedo distraerme, ni siquiera por los ojos más extraordinarios del mundo.
¡Iván!
—Vale, genial. Entonces estamos a mano —digo, intentando pasar por su lado, pero el chico se interpone en mi camino; hay una gran planta al otro lado que me obstruye el paso. —Debo irme, de verdad es…
—Una urgencia —dice y sonríe. Se está pasando de listo.
—Déjeme pasar o gritaré —respondo e intento salir de nuevo y en ese momento soy consciente del ruido que hace la gente al pasar por nuestro lado. Además de que estoy segura de que he perdido a Iván por culpa de este idiota —¡Quítate! —Mi paciencia, que no es mucha, se termina y grito como una loca, en medio del pasillo de una clínica de maternidad.
—¿Awa?
¡Maldición! ¡Esto no puede ser posible!
—¿Qué haces aquí? ¿Estás embarazada? —Me quedo mirando a Iván con la mente en blanco, tengo que decir algo ahora, ¡es urgente!
—Este… Nosotros estamos… —Tomo el brazo del chico, que intenta separarse de mí. —Nosotros estamos intentando tener un bebé, ¿verdad, amor mío? —digo mientras parpadeo, mirándolo con ojos de mujer enamorada, o eso espero.
—Soy ginecólogo, no tu pareja —responde el hombrerón y levanta las manos y se dirige a Iván. —No la conozco y no me interesa hacerlo —concluye, dejándome con la boca abierta.
En las novelas rosas que leo y en todas las comedias románticas, pasa todo lo contrario; los papasitos desconocidos siempre ayudan a las damiselas en apuros. Aunque yo no soy ninguna damisela, estoy en un apuro ni el berraco.
¡Maldito idiota!
Levanto mi tacón dorado con brillantina y con toda la delicadeza del mundo lo deposito sobre su pie.
—¡Mierda! ¿Pero qué diablos haces? Me has hecho daño —dice el chico que parece alucinado por completo, mientras cojea y se recuesta contra la pared.
—Gusto en verte, Iván —saludo a mi ex, sin prestar atención al médico idiota, y aprovecho el momento para intentar escapar, solo que hoy, todo indica que no es mi día de suerte.
—¿Iván? ¿Qué hace esta mujer aquí?
¡Lo que me faltaba! Ha llegado la esposa embarazada del idiota de mi ex.
—Esta mujer no puede estar tan cerca de mí, está violando la orden de alejamiento. ¡Nunca vas a dejar de ser una acosadora! —grita y yo solo pienso en que tengo que irme, no quiero tener más problemas. —¿Doctor Leroux? ¿También estás acosando a mi doctor? ¡Quiere hacerle daño a mi bebé! —exclama con voz quejica.
¿En serio va a llorar? Y además, ¿el chico es su doctor?
—Querida, tranquila. Todo va a estar bien. —Iván me dirige una fría mirada. —Voy a llamar a la policía —dice sin ningún tipo de compasión.
—Iván, te juro que no… —intento suplicarle, si llama a la policía, estaré perdida.
—Cállate, Awa. Cada vez estás peor —responde y veo cómo saca su teléfono del bolsillo—. No deje que se escape, doctor Leroux. —El chico, quien pasó de ser "el hombrerón" a ser “el doctor”, vuelve a bloquearme el paso y se cruza de brazos levantando una ceja.
—¿Acaso no trabajas? —le pregunto, bastante frustrada.
Vico va a estar furioso conmigo; el negocio no ha ido bien los últimos días y seguro tendré que pagar mucho dinero para no ir a prisión preventiva.
—¿Así de mal estás que tienen que llamar a la policía? —No puedo creer su atrevimiento.
Lo golpeo con fuerza en la mejilla en el preciso momento en el que Iván vuelve acompañado de un policía. Quienes normalmente no llegan a tiempo, pero como soy yo y hoy no es mi día, en segundos lo tenemos aquí.
—Esta mujer está loca. Ahora ha venido a atacar al médico de mi esposa —dice Iván.
¡Esto es un desastre! Vico me torturará antes de matarme con mucha lentitud.
Dos años después24 de diciembreAzaraDurante los últimos dos años todo ha sido increíble para mí, mis padres están juntos y me he sentido la niña más querida y deseada del mundo.El año pasado mi deseo de Navidad se cumplió con creces y, al parecer, este año va a suceder lo mismo. Papá Noel es el mejor del mundo y nunca me ha defraudado.En este momento me siento tan nerviosa que podría comerme todas las uñas de mis dedos, como lo hace mi tía Awa o simplemente empezar a decir barbaridades como lo hace mi tía Aisha.Es que todo es una locura, mis primas y yo estamos sentadas observando cómo todos los miembros de nuestra familia van de un lado para el otro como locos.Hablo de nuestros abuelos maternos, la tía Aisha y Leo, con qui&eacut
— ¿Acaso importa ahora? Aceptaste tener un hijo con Vico y Julián días después de nuestro divorcio, y si al mejor amigo de mi hermano no se le hubiese ocurrido utilizar mi muestra, Azara sería hija de uno de ellos. ¿Te das cuenta de lo que hiciste?— Levanta la voz, ya no se muestra tan frío.— ¡Me dejaste por segunda vez! Me hiciste sentir la peor mujer del mundo, no estaba bien, estaba desesperada, llena de dudas y remordimientos. ¡Me sentía sola! Vico aprovechó mi soledad en su beneficio, aunque gracias a eso Awa pudo divorciarse de él.— Grito y el ruido del exterior se detiene.— ¿Y eso justificaba tus actos?— Susurra.— No, por supuesto que no, eso solo justificaba mi desesperación— Me pongo de pie, no soporto sentirlo cerca— Rodo, tener a Azara cambió mi vida por completo y me enseñó a ser menos egoísta, a amar incondicionalmente sin esperar nada a cambio— Estoy segura de que mi tristeza es bastante evidente.&
LitiaAzara ha pasado todo el ratosentada en el regazo de Rodo y sosteniendo mi mano, por lo que he sido obligada a sentarme al lado de él.No ha dejado que nos alejemos y yo no me he sentido muy cómoda con las miradas matadoras de la familia Leroux sobre mí.Ha llegado el momento de entregar los regalos y ella y su padre se han ido a los aseos, suena tan extraño, que todavía no me lo creo. Yo siempre he sido quien la acompaña a los aseos y me siento un poco desplazada.— Ahora tu hija no quiere salir del baño de visitas — Me dice Aisha y yo corro hacia estos.— ¿Azara? ¿Rodo?— Grito perdiendo la paciencia.Abro la puerta de los aseos y, como una espiración, veo rápidamente una melena oscura pasar por mi lado y escucho el sonido de la puerta al cerrarse.— ¡Azara! Abre la puerta— Continúo intentando abrir la puerta de manera infructuosa, para luego desistir cuando veo a un hom
— ¿Cuánto quiere? — Ya no sé qué decirle al hombre vestido de Papá Noel en el centro comercial.He pagado para que una señorame dejara pasar y hablar con él y al hombre solo le preocupa su trabajo. Lo que comprendo.— Le damos diez mil euros y yo lo reemplazo mientras vuelve— Dice Milo y el hombre lo mira como si de verdad se le hubiese aparecido Papá Noel.Llego corriendo y todos nuestros familiares y, al parecer, el triple de curiosos esperan enterarse de lo que va a pasar con la mi niña, y el Papá Noel al que he puesto al corriente de la situaciónse inclina para hablar con mi hija. Litia se pone de pie y se acerca a mí.— Gracias— Susurra.Inclino la cabeza y me alejo.El hecho de que acepte a mi hija y haga todo lo que esté a mi alcance para hacerla feliw, no significa que haya perdonado a su madre.— ¡Jo! ¡Jo! ¡Jo! ... Azara, soy Papá Noel y sé que has pedido un regalo muy especial, el cual
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