El sol de la mañana comenzó a colarse suavemente por las cortinas de la habitación. Cassandra caminó por el pasillo llevando una bandeja de plata con un desayuno completo, fresco y preparado especialmente para sus hijas. Al empujar la puerta en silencio, vio a Luciana aún en la cama, recuperando poco a poco el color en sus mejillas.
Al acercarse a la mesa de noche, la mirada de Cassandra se posó en el suelo. Junto al borde de la cama, descansaba un accesorio que no encajaba con el entorno: un p