En el despacho principal de la mansión Di Santi, Angelo acomodaba unos documentos de negocios sobre su escritorio de caoba cuando Alessandro entró en la estancia.
—Hijo —dijo Angelo alzando la vista—, necesito que vayas hoy a la reunión de negocios con los inversores internacionales. Bianca iba a ir en mi representación, pero se quedará aquí cuidando y haciendo compañía a Luciana. No podemos dejar ese espacio vacío frente a los socios.
Alessandro se ajustó el reloj de pulsera y asintió con seri