En el centro de la estancia, el agua con sal chisporroteaba con un zumbido eléctrico macabro. Dos hombres de seguridad empujaron a Fabián hacia el contenedor metálico, sumergiéndole los pies descalzos.
En cuanto la corriente de alto voltaje entró en contacto con el agua salada, la electricidad atravesó las piernas de Fabián como un enjambre de agujas incandescentes. Su cuerpo entero comenzó a convulsionar en espasmos violentos, los músculos de las piernas se le agarrotaron hasta el límite y las