Tras el intenso enfrentamiento en la cripta, la caravana de camionetas blindadas se dirigió hacia la casa de seguridad de Enzo. En el interior del refugio, el ambiente era de tensa espera. Tamara se encontraba en la sala junto a Anaís, la abuela Mercedes y la pequeña Mía, coordinando los insumos médicos por si la familia regresaba con heridos.
—Un gusto, soy Tamara —se presentó la mujer con una sonrisa cálida y profesional hacia Anaís y Mercedes—. Ya dejamos listo el equipo médico por si alguie