Capítulo treinta y cinco.
—Pero... Pero—tartamudea Chiara, aunque las palabras no le terminan de salir. Mira con los ojos como platos a ambos y sacude la cabeza, consternada.
—Chia...—comienzo.
—¡Pero serás!—aúlla entonces con su mirada verdosa echando fuego. No a mi, sino a mi compañero, quién la mira con el ceño fruncido sin mutarse.
De un momento a otro el pequeño cuerpo de mi prima está saltando hacía él, quién lo toma por sorprendido y ambos terminan cayendo al suelo. Vuelvo a escuchar a la colorada decir algunas e