Clara
El motel era un borrón de luces de neón exhaustas y paredes desconchadas, un refugio improvisado que olía a humedad, tabaco rancio y promesas incumplidas. Afuera, la lluvia insistía con su tamborileo sobre el techo de hojalata, como si el mundo no quisiera dejarnos en paz. Dentro, la luz parpadeante de una lámpara colgante proyectaba sombras largas y temblorosas sobre las paredes.
Sentada en el borde de la cama, con el vestido aún pegado a mi piel por la lluvia, lo miraba. Leonardo, encorv