Alonso
El mensaje en la pantalla del teléfono satelital seguía parpadeando, un faro en la oscuridad del mar Egeo. "Contacte a El Coleccionista." El nombre, susurrado en los rincones más oscuros de la Fundación Esmeralda, era casi un mito. Un susurro cargado de poder y secretos. Siempre me había preguntado si existía realmente o si era solo una leyenda urbana entre los titiriteros. Ahora, la orden era clara. Y venía de lo más alto.
Martina, sentada a mi lado, sus ojos clavados en la pantalla, re