6. EL PESO DEL SECRETO

ALEX

Nos mantuvimos un momento estáticas, esperando a ver el rostro del que provenía aquella voz que hacía temblar las paredes. La voz de “lobo feroz”, de licántropo sin duda, y no otro, sino el mismísimo rey licántropo. ¿Había sido esa una buena idea? Habíamos llegado sin invitación y eso, en muchas manadas, era considerado un insulto. Aunque, si fuesemos lobos Alfas, este asunto sería aún más serio; éramos solo dos “omegas” buscando protección. Al fin, el Alfa se dejó ver. Su rostro no poseía una gran sonrisa de bienvenida, pero no estaba enojado, eso ya era algo. Clara se veía serena, aunque disimulaba muy bien su nerviosismo; su vista recorría el lugar, como buscando con los ojos a alguien más.

- Mis disculpas, Rey Alfa - Dijo Clara, su voz tembló un poco, pero se sostuvo después. Mujer valiente - Lamento que hayamos venido a importunar en su casa.

- Soy el rey de todos los lobos - dijo el rey, con un tono más pausado, que me hizo respirar - admito que esto no es usual, pero puedo hacer excepciones, por los amigos.

¿Amigos? ¿Cuando el rey Alfa ha sido nuestro amigo…?

- Pueden contarme, no tengan miedo, no muerdo - bromeó - bueno, sí lo hago. Pero no las morderé a ustedes je je je

Mi cuerpo se tensó, pero intenté calmarme.

- Rey, nuestra manada fue atacada - inició mi madre - Mi esposo, Beta Joel, está muerto - su voz se quebró, pero no lloró. Mi madre era muy fuerte.

- Lo sé… - comentó el Rey Licántropo, esta vez suavizó aún más su voz a una serena y grave que reconfortaba - Beta Joel era un gran lobo, siento que la manada Blackmoon se verá muy afectada por este ataque y mucho más, sin su Beta. Lamento vuestra pérdida.

- Gracias, Rey Alfa Morgan - dijo mi madre. Noté en su voz que no podría continuar hablando. Me armé de valor. No recorrimos todo eso para convertir al rey Alfa en nuestro paño de lágrimas.

- Nosotras venimos a pedir que nos acepte en su manada, Rey Alfa Morgan - Mi voz sonó con más firmeza de lo que esperaba. Dudaba siquiera poder hablar en presencia del Rey de los Licántropos.

Al escuchar mi voz, sentí que un florero se desplazaba de su sitio, miré hacia un costado, se trataba de un lobo que ya había visto antes: sus ojos eran de color ambar y su cabello blanco pintado por las canas y el paso del tiempo. Aunque su cabello era prácticamente blanco, el lobo poseía un rostro jóven. Pude reconocerlo: Era el Beta de los licántropos, Max Evans.

- Lo siento… - dijo, volviendo el florero a su lugar. Solo derramó algo de agua.

- Quieren formar parte de esta manada… - dijo pensativo, sin darle importancia a su Beta - ¿Eso, por qué?

- Esto es vergonzoso… - comenté pensativa y bajé la cabeza. Mi madre me tomó del brazo. Yo la miré de reojo, tenía miedo de que hablara de mi loba blanca - Mi pareja me rechazó por no estar a su altura.

- Cambiar de manada por un rechazo es algo… extremo - dijo el Rey Alfa con un suave tono algo divertido. Por supuesto, frente a mi primera declaración, resultaba un argumento muy débil. Carraspeé un poco y ordené mis pensamientos.

- Mi pareja era Ethan Hill, heredero Alfa de Blackmoon. Me rechazó por ser… - inhalé, jamás pensé que diría algo así, me sentía algo humillada - por ser una Omega sin lobo

El sonido de una pequeña risa ahogada me interrumpió. Miré hacia el piso superior y me encontré con unos ojos grises que me miraban fijo. Era un lobo joven, unos años mayor que yo, cabello negro, mojado, piel morena, quijada marcada, labios sensuales y bien definidos. Lo había visto antes, en las reuniones de Alfas, jamás intercambiamos palabras, pero sí, saludos cordiales. Sabía bien quién era, se trataba del príncipe licántropo, Ryan Morgan. Su mirada me intimidó y bajé la cabeza.

- Mmmm.. - Alfa Morgan se mantuvo un momento un momento pensativo. No levanté la cabeza, pero oía claramente las pisadas de Ryan Morgan bajar por las escaleras - Que desafortunado para ti, pequeña. Esto suele ser usual… Sabes que los Alfas deben velar por sus manadas…

- Me entrené toda mi vida para suceder a mi padre, Rey Alfa Morgan. Sin una loba no me queda nada. Con mi padre muerto, rechazada, sin loba, sin un futuro, no me queda nada en Blackmoon, por favor - dije arrodillándose - recíbanos en su manada.

No levanté la cabeza, me mantuve allí por los largos segundos que duró aquella escena. No me quedaba más, estaba totalmente humillada; pero sin nada, tampoco tenía nada que perder.

- Padre, ¿La dejarás allí? - Escuché otra voz en la sala. No era de Ryan Morgan.

- No te entrometas, Will - La voz de Ryan Morgan me hizo estremecer - Este asunto solo puede definirlo, papá.

Unos segundos después sentí unos brazos que me levantaban. Me encontré nuevamente con los ojos grises de Ryan Morgan, bajé la mirada.

- Pequeña - dijo el Rey Alfa, lo miré. Los brazos del príncipe Alfa aun me tenían sostenida, fue cuando me di cuenta de que en realidad estaba temblando, si no me hubiese tenido en sus brazos, habría vuelto a caer - Son bienvenidas a permanecer en esta manada. Es más - dijo. sonriendo, finalmente - son mis invitadas. mi Beta y Beta Joel solían tener una relación muy cercana… es lo mínimo que puedo hacer, por viejos amigos.

- Gracias, Rey Alfa Morgan - dijo mi madre. En ese momento, mi aliento estaba contenido y casi no podía respirar.

- Pero deben saber, que las cosas en esta manada son muy diferentes - explicó Alfa Morgan - A diferencia de otras manadas, el entrenamiento es un requisito aquí, para permanecer en Goldenmoon. No admitimos que los lobos no sepan pelear, incluso los Omega deben saber defenderse - El rey Alfa indicó a su hijo menor, él tenía un aire similar a su padre, moreno, cabello castaño, ojos azules - Desde mañana iniciarás tus entrenamientos básicos con Will…

- Yo lo haré - Escuché la voz de Ryan Morgan junto a mi, mi corazón se detuvo por un par de segundos - La chica mencionó que ha entrenado antes, no es una novata. Si quieres que pierda el tiempo, puedes dejarla en los entrenamientos iniciales. Pero creo que lo mejor sería aprovechar su entrenamiento previo y hacerla entrenar junto a los “élites”.

Rey Alfa Morgan observó a su hijo. Ryan me soltó, en brazos de mi madre.

- Haz como quieras padre, a mi me da igual. Solo expongo la situación - agregó Ryan Morgan.

- Sí… - dijo Alfa Morgan, pensativo - Tal vez tengas razón, pero no conocemos su entrenamiento. ¿Qué opinas, niña?

- Fui entrenada por mi padre. Soy muy capaz - afirmé. Decir que era incapaz en combate y entrenamiento físico habría sido un insulto hacia la memoria de mi padre.

- Bien… - dijo Alfa Morgan - Empiezas mañana, junto a los Élites. Con Ryan.

Sentí la mirada de Ryan Morgan sobre mi y me puse nerviosa. ¿Cuál era su intención? ¿Simplemente creía en mi palabra o había algo más detrás?

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