Mundo ficciónIniciar sesiónRYAN
- Joven Alfa, no quisiera volver a importunarlo pero… - La voz de Marie, nuestra ama de llaves me hizo abrir los ojos a regañadientes. - No es tu culpa, Marie… dame un minuto. Acabaré con esto de una vez por todas… Soy Ryan Morgan, hijo mayor del Alfa Marcus Morgan. Esperaba que esta mañana fuese más tranquila. Esperaba que Madison dejara de estorbar después de que ayer cumpliera dieciocho años y tuviera que comprender de una vez por todas que NO es mi pareja predestinada. Eso creí… que equivocado estaba. El último mes ha estado estorbando día a día, después de que se enterara que la bruja Sonya llegó hasta la casa de la manada, con la predicción de “la loba blanca primigenia” ¿Qué decía exactamente esa maldita profecía que ha acabado con mi paz? Pues decía que el rey licántropo que tomara como su Luna a la “loba blanca primigenia” tendría el poder para derrotar de una vez y para siempre el reinado de terror del rey vampiro. Esa maldita rata chupasangre ha acabado con todos los lobos blancos de la región, dudo que quede aún alguien con sangre de lobo blanco puro en sus venas, al menos una con la edad “adecuada” para volverse mi pareja. El asunto es, que Madison es la única hembra licántropa blanca de nuestra manada, aunque no es una loba blanca pura; tiene una pequeña mancha en el final de la cola, pero su pureza es casi perfecta; lo que la hace, según ella, la candidata perfecta para ser mi pareja. En lo que a mi respecta, no estoy ni un poco interesado en esta profecía, en primer lugar, porque dudo que la diosa esté tan demente como para poner sobre mi espalda una profecía que debo cumplir en contra de su propio designio; o sea, tomar como pareja a una loba que no sea mi mate designada por ella misma y, en segundo lugar, porque detesto más que a cualquier otra loba a esa perra arribista de Madison. Su interés es, únicamente, convertirse en Luna, con todos los privilegios que eso trae, no le interesa la manada y no es una loba apta. Sin mencionar que no veo cómo alguien como ella sería capaz de derrotar al rey Vampiro. ¿Cómo? ¿Lo aturdirá con su estridente y molesta voz nasal? Creí que esta mañana sería tranquila y que tendría un despertar tranquilo, que no tendría que oír su voz de silbato. He tratado de ser paciente y no herir sus sentimientos, la he rechazado mil veces, sin armar escándalos, para que no se vuelva el hazmerreír de la manada, pero se acabó, ya no la soporto un minuto más. Me levanté, me ajusté los jeans, abotoné mi camisa rápidamente y salí de mi habitación. Bajé las escaleras y allí estaba, parada con una sonrisa de seguridad y con sus ropas vulgares ¿De verdad así cree que suma puntos a su campaña? - Mi amor, ¿Lo has pensado mejor esta noche? Yo no pude dormir en toda la noche pensando en ti… ¡Ay! - La tomé del brazo y la jalé hasta la puerta de entrada - ¿No te das cuenta que es por el bien de la manada? - He sido demasiado claro y paciente contigo, Madison. ¡No quiero que vuelvas a venir a mi casa! ¡No quiero que me vuelvas a importunar! ¡No quiero que me insistas más! ¡Si continúas con esto, te haré expulsar! - solté su muñeca, cuando ya se encontraba en el umbral exterior de la casa - ¡Jamás podrías hacerlo! - Me enfrentó - ¡Soy la hija del Gamma! ¡Y tu padre me respalda! ¡Él sí cree en la profecía, a él sí le importa esta manada! - Pues entonces… ¡¡Emparéjate con mi padre!! ¡¡Maldita perra loca!! Cerré la puerta en su cara y los muros de la casa de la manada, temblaron debido al golpe. - Que fuerte… - Escuché la voz burlona de Will, mi hermano menor. - Ella se lo buscó - comenté aburrido. Me volteé, Will estaba apoyado en el barandal de la escalera, observando el espectáculo. - No te comprendo, hermano… - dijo con una sonrisa, acercándose a mi - La chica está rendida a tus pies, ¿Eres un hombre o no? ¿Cómo es que no aprovechas esa oportunidad? Si yo estuviera en tu lugar… - Yo soy un hombre… tu, eres un cerdo. - Muchas gracias por el cumplido, hermanito - Dijo entre risas - ¿Qué crees que pensará mi padre cuando sepa que has rechazado a la loba blanca. - Ella no es la loba blanca primigenia - ¿Y qué es una loba blanca primigenia? - No tengo ni idea, pero ella no es - dije, tajante. - Como digas, hermanito… - dijo riendo. Subí nuevamente a mi habitación a bañarme y ponerme el resto de la ropa que no había tomado por las prisas. Durante la tarde, mi padre, Beta Max, Gamma Greg y yo mantuvimos una reunión extensa debido a los acontecimientos de los últimos días. - … El movimiento de los vampiros se ha acrecentado al sudeste de la región - Comentó Gamma Greg. Mi padre y yo escuchábamos en silencio la situación. - Eso es… - dijo pensativo Beta Max - El bosque de Blackmoon. - Así es - Continuó Greg - Mis reportes indican que la manada de Blackmoon fue atacada. Aún se está haciendo recuento de daños, pero las bajas se estima que puedan ser de, al menos, unos cien lobos Beta Max empuñó sus manos y golpeó la mesa con rabia. - Ey… - le advirtió suavemente mi padre - Tranquilo, Max - Lo miró de reojo. Beta Max se llevó la mano a su cabello blanco, excusándose por su pérdida de control. Luego, papá se dirigió a Gamma Greg - Enviaremos algunos lobos, para tener información más detallada. Daños, listas de fallecidos, si cuentan con rehenes… - Si tienen tanto poder para invadir una manada, significa que tienen en su poder un lobo blanco - comentó Beta Max Mi padre me miró por un momento con rostro de reproche. Ya estaba enterado de mi escena con Madison en la mañana. Se produjo un silencio denso e incómodo. - ¿Qué? - Dije de una vez. - Sabes muy bien qué… - dijo mi padre - ¿Hasta cuando vas a esperar? - ¿Hablas de Madison? - La tensión aumentó. Era consciente de que su padre estaba presente. - ¿Hablas de Madison? - Remedó mi padre con voz de tonto - ¡Claro que estoy hablando de ella! ¿Hasta cuándo vas a huir de tu destino? - Ella no es mi destino. No es mi mate. Punto. Además, es insoportable. - ¡Ey! - Gritó molesto Gamma Greg. - Lo siento, sé que ella es tu hija. Pero todos tienen que comprender que ella-no-es - dije tajante. Se produjo un silencio. - Mmm… - dijo Beta Max, pensativo - Puede que sí… puede que no. - ¿Saben siquiera qué es una loba primigenia? - Espeté Se produjo un nuevo silencio en la habitación. La primera vez que todos escucharon ese término, fue en el momento en que aquella bruja Sonya llegó a nuestra manada con la profecía. Esto fue hace ya varios años, yo aún era un niño. - Además - continué - La bruja jamás dijo que la profecía se trataba sobre mí… el Rey Alfa podrías ser tú, padre ¿No lo crees? Llevas muchos años sin mi madre. Bien podrías tener una pareja de segunda oportunidad. - No digas sandeces, muchacho… - Dijo mi padre, desechando mi argumento. - Jum… Es conveniente ¿No lo crees? Cuando el destino de otro está en juego y no el tuyo propio… - Es una buena suposición… - comentó Beta Max - Después de todo, eres tú, Marcus, el que aún está en el trono de Rey Licántropo. - ¿Que mi hija se case con Alfa Marcus? - Dijo Gamma Greg, intentando disimular su espanto. - Tu hija NO ES la loba blanca primigenia, Greg - Volví a decir. Todos volvimos a punto muerto. Cómo es que esta reunión pasó de tratar asuntos de estado, a convertirse en organización de casamenteros. Mi padre permaneció un momento en silencio, lo observé: sus pupilas estaban dilatadas. Estaba comunicándose con uno de sus licántropos de la guardia, vía conexión mental. Luego de un momento, volvió a estar al tanto de lo que sucedía a su alrededor. Todos estábamos esperando sus órdenes, creyendo que tal vez se trataba de algo grave. - Greg - Inició con tranquilidad - Toma el carro y ve a la entrada de descargas - Debes traer a un visitante. - ¿Visitante? - comenté. No había citas agendadas para aquella tarde. - Sí… - continuó con tranquilidad - De la manada Blackmoon - Me miró a mi, luego a Max, que permanecía en su silencio meditativo de siempre - Clara Taylor. - ¿Quién es Clara Taylor? - Pregunté - Es la esposa del Beta de Blackmoon… - dijo Beta Max, pensativo. Gamma Greg hizo un ademán de cabeza y salió de la oficina. Beta Max también salió en silencio y quedamos los dos solos con papá. - Eso es inusual… - comenté. - No viene sola - Me dijo, cuando estuvimos los dos solos - Viene en compañía de su hija. Debes recordarla de las reuniones de Alfas. La pelirroja de grandes ojos verdes. - No tengo ni la más mínima idea, padre. - A tu hermano seguro le gustará - comentó - Diría que es aproximadamente de su edad… Pero es muy extraño - dijo pensativo - ¿Por qué vendrían solas? Viajando por tantos kilómetros, con un humano, además. - Quizás esconden algo - Dije tajante. esas dos no me daban buena impresión. Como decía mi padre, los hechos eran extraños. - Puede ser… aunque no quisiera hacerme una idea errada antes de tiempo. Después de todo, Blackmoon fue recientemente atacada, quizás vienen a informar algo y tienen información útil. - ¿La pelirroja no es la novia del Alfa de Blackmoon? - comenté sin interés. - ¡Ajá! Sabía que la recordabas. Te ví, observándola la última vez. - Estás demente, padre. Es una niña. Solo ten cuidado, padre. Podrían ser incluso, espías. - Eres más paranoico de lo que pensé - Se rió - ¿Espías de quién? ¿De los vampiros? - Si nosotros contamos con espías, ¿Por qué ellos no? Ella es híbrida ¿No? - Veo que la observaste más de lo que pensaba… - comentó divertido, no respondí - Tienes un punto… pero no lo creo. Ellas no. - ¿Por qué lo dices? - Intuición - se limitó a decir. Salió de la oficina sin decir más. Estaba seguro de que algo ocultaba. ¿Podría sonsacarle lo que fuera que tuviese escondido? Claro que no. Su nombre es Alexandra. Sus amigos la llaman Alex, y el tonto sin vergüenza de su novio la llama Ali, un apodo demasiado escaso y simple, para describir la belleza y astucia de esa loba. Sí, la observé y es que ¿Cómo no hacerlo? Su cabello de fuego iluminaba todo el salón y sus ojos verde oliva me hicieron descubrir la verdad en ella inmediatamente: Es una híbrida y el Beta de Blackmoon no puede ser su padre. Bien podría ser una espía de los vampiros; una híbrida de vampiro tal vez… descendiente de Afrodita. Me llevé las manos a la cara. Era necesario tener mi mente enfocada y sin distracciones para poder descubrir lo que estaba pasando. Caminé por el pasillo de la casa de la manada, entré al baño de mi habitación y me mojé la cara con agua helada. Jamás una chica había logrado nublar mi razonamiento y este tampoco sería el caso. Mojé mi cara hasta sentir que me dolía producto del frío e inhalé hondo. Mi camisa se había mojado un poco. Pero no era un problema. Entré a la habitación para sacar una camisa nueva, me desabotoné la que estaba usando, cuando sentí que un aroma cálido a nardos y jazmines entró por mi nariz, erizando todo el vello de mi cuerpo. ... ese aroma era... de mi pareja Oí la estridente voz de mi padre en la sala de la casa de la manada. - Clara Taylor y su hija Alexandra .... "M***a" Ya estaban aquí.






