4. OMEGA, INVISIBLE, NADIE

Volví al camión, Randy Davis había hecho un pequeño campamentito improvisado en un trozo de césped junto al camión y estaba ya hecho un envoltorio de telas, roncando en un sueño profundo. Entré a la cabina, mamá ya estaba allí. Cuando me vio entrar, intentó secarse las lágrimas disimuladamente. Creo que ninguna de las dos estábamos aún preparadas para enfrentar la realidad. Conversar sobre Joel, convertía su muerte en una realidad. Me senté en silencio junto a ella y preparé mi lado de la litera para dormir. 

- Alex… - dijo mi madre rompiendo el silencio. La miré sin emitir sonido.

- Pronto llegaremos a la manada Goldenmoon. Hija, debes esconder a tu loba. No deben saber de ella. Es mejor así. Podremos vivir una vida tranquila, te lo aseguro… 

- Mama… - Mi madre aún no sabía del rechazo de Ethan y, al no tener una loba, no podía notar la ausencia de la mía. Pensé que lo mejor sería evitar la conversación y preferí cambiar de tema - Tal Vez podríamos, podríamos montar una panadería… - intenté decir despreocupada, aunque el hilo quebrado de mi voz, no engañaba a nadie. Ella fingió no notarlo.

- Sí, hija… podríamos hacerlo - Dijo, acariciando mi cabello rojizo. 

Nos volvimos para dormir. Observé por un momento, las estrellas, a través del cristal del camión, en silencio. Hasta que mis ojos se cerraron.

Viajamos por aproximadamente un día y medio. Notamos la diferencia cuando los vidrios del camión empezaron a verse más empañados y la vegetación se tornó muchísimo más verde y húmeda. Jamás había estado en territorio licántropo, pero se sabía que los inviernos en goldenmoon eran crudos y fríos. 

Esperaba que el Alfa Morgan se apiadara de nosotras y nos acogiera en su manada, o que mamá realmente tuviera un primo del que jamás había oído, en esta manada. Sino, estábamos, soberanamente jodidas. 

Llegamos hasta las enormes compuertas. El gran letrero de “Hacienda Morgan”, se distinguía de en medio de un gran vacío a nuestro alrededor. Y es que la hacienda contemplaba metros y metros de muro a lo largo de la carretera. 

No lucía como una manada normal: simplemente rodeados de denso bosque, para impedir la llegada de visitantes. No, aquello era otra cosa. Se mimetizaba muy bien con cierres perimetrales humanos; aunque las proporciones de este, eran desmesurados. 

Las manadas de hombres lobos usualmente preferimos pasar más desapercibidos; sin embargo, el responsable de semejante construcción, debía tener la solvencia económica para tener varias bocas cerradas y vivir tranquilamente.

Randy Davis se acercó con el camión hasta la caseta de monitoreo que antecedía a las grandes compuertas.

- Buenas tardes - La voz gangosa y seca se escuchó por el altavoz.

- ¡Buenas! - Dijo Randy - Randy Davis por aquí. Traje el último cargamento para el Señor Morgan.

- …  - un momento de silencio. La cámara que se encontraba en la caseta se movió ligeramente - ¿Trae compañía, Señor Davis?

- Son dos señoritas que encontré en el camino. Vienen de visita a la hacienda. conocidas del Señor Morgan.

Se produjo un silencio. Todo en mi temblaba. Percibía la hostilidad, no nos dejarían pasar sin una buena razón. Fue cuando mamá se acercó en dirección al señor Davis para hablar a través del micrófono de la sala de monitoreo. 

- Requiero hablar con Max Evans. Mi nombre es Clara Taylor - Los segundos se volvieron largos y la tensión, inmensa. 

- De acuerdo, pueden pasar… - Se escuchó en el altavoz

Las compuertas se abrieron y, para ese momento, yo era una gelatina viviente. Lo recordaba bien: Max Evans era el Beta de Goldenmoon. ¿Qué relación tenía mi madre con él? ¿Realmente eran primos? ¿O solo había sido una estrategia para que los licántropos entendieran que éramos como ellos? Bueno, una raza un tanto inferior, pero similar a ellos.

Entramos por las compuertas. La seguridad era mucha: hombres lobos con metralletas, casi como un cartel de novelas humanas de mafiosos. Era gracioso de ver, como si todo ese espectáculo fuese montado únicamente para que Randy Davis lo viera. De cualquier modo, si sólo uno de ellos se transformara, podría convertir al pobre señor Davis en una mole de carne en un par de segundos, pero supongo que todo era parte del circo para hacer ver “la hacienda Davis” como una secta de gente que vivía alejada de las grandes ciudades y prefería la vida dentro de un entorno más natural… 

Bajamos del camión y un lobo se nos acercó. Su rostro era duro, pero intentaba mostrarse afable. Era corpulento, de ojos marrones y largo cabello rubio amarrado en una coleta. Tenía la sensación de haberlo visto antes en las reuniones de Alfas, pero no podía recordar quién era, y, frente al señor Davis, no era el momento adecuado para preguntar. 

- Buenos días. Mi nombre es Greg Jonas

- Buenos días, Greg. Mi nombre es Clara Taylor y ella es mi hija Alexandra - Permanecí en silencio y solo hice un ademán de cabeza.

- Las escoltaré hasta la mansión del Señor Morgan, allí podrán hablar con el señor Evans - Sus palabras se sentían ensayadas, como sacadas de un libreto. Ya que la expresión de señor, no se escuchaba natural en sus labios; casi como que el título de Alfa Morgan y Beta Max, quisieran escaparse. 

- Se lo agradezco - continuó Clara. 

Volteamos y agradecimos al señor Davis, por habernos llevado hasta allí. Randy nos hizo un ademán con la cabeza y continuó con el papeleo de su cargamento, en compañía de un lobo.

Greg Jonas nos llevó hasta un vehículo y condujo al interior de la manada. Pasamos por unas segundas compuertas, que dividían la “zona de descarga de productos” con el resto de la manada. Por supuesto, la zona de descarga estaba adaptada para que los humanos, no vieran absolutamente nada de lo que era realmente la manda goldenmoon. Al abrir las compuertas, logramos ver algo totalmente diferente. Era una ciudad llena de casas, centros de comercio y algunos edificios. Era la manada más grande que había visto hasta ese momento. Y era de esperarse, ya que la manada de los licántropos era prácticamente nuestra capital lobuna, y el Alfa Morgan, nuestro Rey Alfa. Luego de unos minutos, me atreví a abrir la boca.

- Tengo la sensación de que nos hemos visto antes, señor Jonas… 

- Probablemente, señorita Taylor, soy el Gamma de esta manada. Visito las manadas, cuando Alfa Morgan lo ordena. Estoy a cargo de mediar asuntos de territorio entre las manadas.

Gamma Greg condujo hasta la casa de la manada. Todo el lugar tenía un aspecto rústico moderno, muy acogedor. Volví a sentir el temor de no ser admitida en esta manada. Si no podíamos entrar en goldenmoon ¿Dónde iríamos? Sacudí la cabeza, intentando sacar de ella los malos pensamientos.

Bajamos del carro y caminamos en dirección a la entrada de la casa de la manada: Dos grandes puertas de macizo roble. El corazón se me aceleró, cuando Gamma Greg giró la manilla dorada y nos permitió el paso. La enorme casa de la manada tenía una exquisita decoración rústica y moderna en su interior, con pilares de piedra, piso cubierto de madera natural y de texturas exquisitas. Todo a mi alrededor gritaba “acogedor” y “abrázame”. ¿Los dueños de aquella casa dirán lo mismo?

- Clara Taylor y su hija Alexandra - La voz de Alfa Morgan hijo retumbar la habitación.

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