3. CUANDO UNA LOBA MUERE

Me mantuve por un momento en silencio, arrodillada. Estaba cansada, mis músculos empezaron a doler, mis heridas aún estaban abiertas, sentía el dolor en mi corazón del desgarro al haber perdido a mi pareja, mi manada y mi loba. Sí, ya no podía sentir a mi loba. Y es que cuando tu pareja te rechaza, tu loba muere. Algo que no ocurre con los Alfas, no ellos no; ellos pueden ir por ahí abandonando lobas a su voluntad y nada le ocurre a sus lobos… ¿Injusto? Claro que sí, como últimamente estaba ocurriendo en mi vida, era nuevamente víctima de la decisión de otros: La decisión de Ethan de rechazarme, la decisión del rey de los vampiros que me quería como rehén, la decisión de la diosa de la Luna en volverme una paria blanca. Ahora era una rouge, una loba pícara, una salvaje sin manada. Pero no por mucho tiempo… mi padre había dicho algo…

“Debes llevarla a la manada goldenmoon. Solo los licántropos pueden protegerla”

Debía viajar al Norte junto a mi madre, hasta la manada de los licántropos, los únicos con la fuerza para vencer a los vampiros. Debía llegar a Goldenmoon y pedirle al Alfa Marcus Morgan que me aceptara en su manada. ¿Aún tenía sentido? Ya no tenía a mi loba. Sin embargo, la necesidad de obedecer la última orden de mi padre, era el único gancho que mantenía sostenido mi sentido y mi cordura a mi propia realidad. Necesitaba pensar que su muerte tenía algún sentido y que debía luchar y continuar. ¿Los licántropos me aceptarían al ser solo una Omega? No lo sé, pero al menos, debía intentarlo. Allí, nada quedaba para nosotras.

Me incorporé con dificultad y fui hasta mi madre.

- Mamá… - Estaba inconsciente, pero seguía respirando. Ethan la había noqueado. 

La cargué sobre mis hombros y caminé de vuelta a la carretera. Recordé por un momento como había sido mi vida en la manada Blackmoon; no había sido mala. Era querida, hija del Beta, hace dos años, disfrutaba de tener una pareja, aunque debido a mi edad aun no podíamos emparejarnos y, por ende, yo tampoco me había entregado a él, nuestra relación era buena; de verdad llegué a sentir que me amaba. Pero no era así… y es de esperarse, ya que un Alfa siempre velará por el bien de su manada, por sobre cualquier otra cosa. A Ethan no le importó sacrificar a mi loba.

Llegamos a la carretera, mi madre aún estaba inconsciente. Empecé a inquietarme, no era bueno permanecer por tanto tiempo solas en aquel lugar: los vampiros aún estarían acechando, aunque esperaba que estuvieran muy lejos, no podía confiarme. Y si los vampiros no venían por nosotros, de seguro algún rouge captaría nuestro olor. Si bien, nos habíamos cambiado de ropa, todo nuestro cuerpo olía a heridas en proceso de cicatrizar y sangre semi fresca. Éramos carnada fácil para cualquier depredador.

Señalé a algunos carros, pero ninguno se detuvo. No los culpaba, nuestras fachas eran, por decirlo menos, sospechosas; sin mencionar que llevaba conmigo a una mujer inconsciente. 

Cuando pasaron varios minutos, bajé los brazos, estaba cansada y mis músculos estaban reclamando por alivio. Las heridas y moretones ya se habían enfriado y todo en mí, dolía. Me senté junto a mamá, escarbé en el bolso, para sacar una botella de agua. Bebí, volví a guardar la botella en el bolso y respiré hondo. Mi cabeza dolía; era un dolor más que sumar a la lista, sin embargo, pronto empecé a desmayarme y me desplomé junto a mamá. 

Me despertó el sonido de los engranajes de un motor robusto y el temblor bajo nuestros cuerpos del movimiento de una enorme mole sobre el pavimento. Sentí que el aire cálido me confortaba: eso me gustó y el aroma del petróleo y el sudor invadió mi nariz ¿Dónde estábamos? Abrí mis ojos con suavidad, esperando que nadie se percatara de que había despertado: Si era el caso de hallarme en una situación de peligro, prefería tener en mis manos el factor sorpresa. Pero lo que observé y escuché fue aún más extraño. Era un humano, en una charla amena con mi madre. 

Me encontraba recostada en la cabina de un enorme camión de carga. Mi madre conversando con el conductor.

- Y esa es la forma correcta de hornear el pan… - Comentaba mi madre

- Lo pondré en práctica… quien diría, que estaba haciendo exactamente lo contrario a lo que se debe hacer… 

Parecía increíble que pese a todo lo que habíamos vivido, mi madre tenía el ánimo para hablar de cocina. Me incorporé aún un poco mareada. Mi madre enseguida lo notó.

- Alex, ya despertaste - Dijo con una sonrisa de alivio

- Sí… ¿Qué…? ¿Qué pasó? - dije, desorientada

- Cariño, te desmayaste. El Señor Davis nos recogió.

- Randy Davis, a su servicio, señorita Alex - dijo el conductor

- Le agradezco por habernos ayudado - dije

- No es nada, solo estuve en el momento y lugar indicados… - comentó él

- Le expliqué al señor David - empezó mi madre - que nuestro carro tuvo una seria avería, fue la razón del volcamiento. 

- Sí… una avería - Entre el manubrio y el respaldo del asiento… la avería creyó que tenía los poderes de la liga de la justicia y todos los Avengers al mismo tiempo.

- Es una suerte que estén bien - comentó el conductor - Cuando las vi, tiradas a la orilla del camino, pensé que, tal vez, estaban muertas. Sentí un gran alivio cuando vi que estaban con vida, y en buen estado, a pesar de las magulladuras.

- Pedí ayuda por varios minutos, pero nadie hizo caso… - comenté - Luego de un rato, ya estaba muy cansada y, creo que me desmayé… ¿Hacia dónde vamos?

- Cariño, no lo vas a creer… - comentó mi madre

- Debo entregar el cargamento en la hacienda Morgan - comentó el conductor. 

- ¿La hacienda Morgan? - Pregunté… era como los humanos conocían el territorio de la manada Goldenmoon.

- Esta es mi tercera y última entrega esta temporada antes del invierno - comentó el conductor - Es una suerte que las haya encontrado justo ahora.

- Sí, vamos a visitar a… mi primo - comentó mi madre… - Él trabaja en la hacienda, es el mano derecha del administrador… 

- No es necesario que explique demasiado, señora - Dijo y se produjo un silencio - Desde que hago negocios con el señor Morgan, sus movimientos se me hacen muy extraños: demasiados guardias, y sus cargamentos pareciera que son para alimentar a todo un estado, pero jamás nadie sale de aquella hacienda.

Se produjo un momento de silencio. 

- Pero en fin… - dijo con un tono de humor - Si se trata de una secta o algo así, no es mi problema. En lo que respecta al señor Morgan, jamás se ha retrasado en mis pagos, y creo que es una persona honesta y determinada. Así que supongo, que está bien para mi, en tanto no haga tantas preguntas, ni me meta en sus asuntos.  

Clara y yo nos miramos en silencio, con miradas cómplices. Era verdad, los movimientos de las manadas podían resultar sospechosas para los humanos; pero, a final de cuentas, y con algunas diferencias que no era necesario detallar, las manadas eran en sí, “comunidades”. 

- Bien, descansaremos aquí - Dijo el sr. Davis -  Pueden ducharse y utilizar el camión para descansar… yo aprovecharé de dormir bajo las estrellas, mientras aún hay aire cálido que disfrutar. Hacia dónde nos dirigimos, el tiempo es frío todo el año… 

Detuvo el camión en una zona de descanso humano. Allí habían baños y duchas agradables, donde pudimos limpiarnos la sangre seca pegada en nuestra piel. Las heridas ya se habían cerrado, aunque los moretones aun dolían un poco, sin embargo, el dolor en nuestros corazones aún permanecía. Clara fingía estar bien, sé que lo hacía por mi, sin embargo, podía notarlo en sus hondos ojos celestes. 

El agua tibia removió la sangre y el barro y confortó mi corazón, la herida de mi cabeza probablemente dejaría una cicatriz, una más de tantas que tengo producto de los entrenamientos de Beta. 

Que inútil había sido todo aquello, ahora, como Omega tendría que conformarme con labores comunes en cualquier manada. 

Una sirvienta en casa de algún Beta u Gamma, servir mesas, tal vez, en un bar… jamás me especialicé para realizar otra labor que no fuese militar, debido a mi rango, y ahora, todo aquello era inútil, ya que ninguna manada me aceptaría para cumplir una labor de seguridad, sin loba. 

Mamá tuvo la suerte de conocer a Joel, luego de haber sido rechazada. Joel era el Beta de la manada Blackmoon, por lo que mi madre jamás requirió reinventarse, en su nueva vida de hembra sin loba. 

Toqué cada una de las cicatrices: en mi brazo, cuando empecé con los entrenamientos duros y quedé colgada de mi piel, en la rama de un árbol, eso dolió bastante. 

En la cadera, cuando fui atacada por un jabalí, por poco me destripa, pero fui más rápida que él… esa fue una exquisita barbacoa con sabor a triunfo. 

En mi espalda, sobre mi costilla izquierda, cuando fui herida accidentalmente en uno de los combates con lanza; esa chica, Jules, estaba muy celosa de saber que yo era la pareja del futuro Alfa de la manada, siempre dijo que había sido accidental, en el fondo todos sabían que no había sido así y que, en realidad, había apuntado a mi corazón. 

Mi padre joel estuvo conmigo en todos y cada uno de aquellos momentos. Él, como primer Beta de la manada, debía estar siempre al pendiente de los entrenamientos de los nuevos reclutas. 

Él me cargó en sus brazos en cada uno de mis accidentes, cuando el dolor me asfixiaba; al borde del desmallo producto del desangramiento, él era mi mayor apoyo y el que más comprendía todo mi cansancio en los entrenamientos. Las lágrimas empezaron a caer por mi rostro, al recordarlo, siendo lavadas inmediatamente, por el agua de la ducha.

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