Mundo ficciónIniciar sesiónALEX
La ventisca ya había durado dos días y estar encerrada, con las miradas a mi alrededor, estaba siendo cansador. La segunda noche, bajé a la cocina por un vaso de agua. Caminé con suavidad para no despertar a nadie y bajé las escaleras. No prendí las luces, a pesar de que mi visión era escasa, debido a que mi loba permanecía bloqueada.
Saqué un vaso, vertí agua y la bebí. Apoyé una mano en la isla de cocina despreocupadamente, mientras vertía toda el agua por mi garganta. Dejé el vaso en la isla y me disponía a volver a mi habitación, cuando una mano tocó la mía que estaba sobre la isla de cocina. Me volteé y quise gritar, pero una mano, tapó mi boca. Un olor a bosque y sándalo me envolvió.
- A-Alfa Ryan - dije en susurros, cuando soltó mi boca - ¿Qué haces aquí?
- Lo mismo que tú… - contestó Alfa Ryan
- Volveré a mi habitación - dije
- Espera. ¿Por qué estás huyendo?
- Yo no estoy huyendo
- Claro que sí… ¿Te asusta estar cerca de mi? - me dijo, arreglando un mechón de mi cabello tras las orejas.
- ¿Por qué me asustaría? - le dije con firmeza.
- El conejo dice un par de palabras osadas y luego huye del lobo…
- ¿Qué quieres, Alfa Ryan?
- ¿Aún no te das cuenta de qué es lo que quiero? - Dijo rozando mis labios con sus dedos.
- Lo que tu quieres, yo no puedo dártelo - le dije.
- Todo lo que quiero es a ti, Alex Taylor. Desde la primera vez que te vi.
Mi corazón se aceleró con cada palabra. No podía creer lo que estaba escuchando. ¿El futuro Rey Licántropo se me estaba declarando?
Tomó mis manos entre las suyas y las besó, se acercó a mi cuello e inhaló mi aroma. Yo estaba estática sin poder moverme. Todo mi cuerpo reaccionaba a su contacto y él lo sabía. Besó mi cuello y yo se lo permití. Luego bajó por mi hombro con pequeños besos, hasta mi brazo, donde llevaba la marca de su mordida. La besó. Tomó mis manos y las llevó hasta sus hombros.
Pasó sus manos por mi cabello y bajó hasta posar sus manos en mi cintura.
Acercó sus labios a los míos, podía sentir su respiración tan cerca de mi. Cerré mis ojos para dejarme llevar por su beso. Mi corazón latía con fuerza, puse mis manos en su pecho que subía y bajaba con intensidad.
- Tienes que decirme, Clara
Una voz que venía hacia la cocina nos alertó y, de inmediato, nos agachamos juntos, debajo de la mesa de la isla de cocina. Se trataba de Beta Max, hablándole a mi madre.
- No insistas Max - dijo mi madre. ¿Desde cuando tenían tanta confianza?
- ¿No confías en mí? - Dijo Beta Max
- Pues, ya que lo mencionas. No. No tengo confianza en ti.
- ¿Cómo puedes ser tan inflexible, Clara? Después de todos estos años.
- No. Y ya que lo mencionas, son estos mismos años, los que me han forjado. Debo agradecerte - dijo con ironía. No entendía su conversación. Aunque me sentía con más deseos de escapar sin ser vista que de entender su conversación.
- Sé que algo me ocultas, Clara - Le dijo con voz serena.
- Sí, pues… tú también ocultaste mucho ¿No es así?
- … - suspiró rendido - Buenas noches, Clara.
Max salió de la cocina. Ryan me indicó, para que fuéramos a gatas hacia la otra esquina de la isla, en el momento en que mi madre empezó a caminar en la dirección en que estábamos.
- Que confíe en él… ¡ja! - se burló en voz alta, hablando con el viento - Por la diosa… yo sola me metí en esto. Perdí a Joel y ¿Qué es lo primero que hago? Venir a esconderme en tierra de licántropos.
Tomó el vaso que había dejado sobre la mesa. vertió agua en el vaso y bebió. Luego salió de la cocina y apagó la luz.
Ryan y yo nos incorporamos. Eso estuvo cerca.
- ¿Qué habrá querido decir? - Preguntó Ryan
- No lo sé… también estoy confundida - dije.
- Ellos se ven cercanos…
- Papá y Beta Max… podría decirse que eran amigos. Siempre se visitaban en las reuniones de Alfas - comenté
- Sonaba como a una conversación entre amantes - dijo Alfa Ryan
- Alfa Ryan - lo miré enfadada - Estás hablando de mi madre.
- Lo siento… pero es la verdad - se excusó.
- … - bufé - Buenas noches, Alfa Ryan.
Nuestro momento romántico llegó hasta ahí. Lo guardaríamos en nuestro catálogo de encuentros fallidos.
Me recosté en la cama y mi cabeza dio vueltas pensando en sus palabras. Estuvimos a segundos de tocar nuestros labios. Definitivamente, la diosa de la Luna no tenía en sus planes que algún día nos pudiéramos encontrar. Pero, después pensé, que si Alfa Ryan no temiera que se supiera lo nuestro, no lo escondería y, por lo demás, no permitiría que nadie, ni siquiera el futuro Rey Licántropo, se atreviera a hablar mal de mi madre.
Al día siguiente, las ventiscas terminaron y brilló el sol. En ese momento, tomé mis cosas y volví al campus.







