18. ERES UNA LOBA BLANCA PURA

ALEX

No puedo negarlo, no se sintió bien. Aunque en vano tendría esperanzas, yo conozco mi posición, además, ya terminé hace mucho con los Alfas. Pero por un momento me atreví a pensar en qué podría haber sido. Era una locura pensar que el príncipe licántropo se fijara en una omega híbrida sin lobo; me dolió más saber que estaba con “la loba blanca del campus”. Él sí buscaba una loba blanca, como los antiguos Alfas, que veían a las lobas blancas como símbolo de poder y gloria. Y yo, en cambio, escondiendo a mi loba blanca pura por temor a represalias. Y es que, claro, Madison no llevaba sobre sus hombros la vida de cientos de lobos.

Sentí herido mi orgullo una vez más. Pero un orgullo herido sigue siendo un orgullo. No me dejaría pisotear. No se lo permití a Ethan y tampoco lo haría Ryan.

Terminaron los entrenamientos y me escabullí rápidamente, para que Alfa Ryan no pudiese abordarme. No fui a los vestidores, en cambio, tomé mi ropa y me fui directo a mi habitación en el campus; allí me bañé con tranquilidad y me cambié.

Cuando salí de la ducha, caminé por el pasillo hasta mi habitación y me encontré de frente con Kael. 

- Alex, saliste rápido del campo ¿Te encuentras bien? - me preguntó

- Sí, estoy bien. Solo estaba cansada… 

Mentía. En realidad aquel día no había sentido cansancio, ni el anterior tampoco, ¿Será que aprendí a bloquear a mi loba adecuadamente?

- Entiendo… - dijo - Entonces no querrás hacer algo. 

- ¿Algo como qué? - le pregunté. 

- Esta noche inician las nevadas. Quería ir al pueblo humano por suministros.

- ¿Suministros? - No comprendía, Kael me miró con su rostro pícaro

- Ya sabes… - dijo en secreto - cerveza, algunos dulces… chocolate. Solo lo esencial para pasar la nevada - se rió. Le sonreí. Me haría bien despejarme. 

- De acuerdo, espérame abajo.

Tomamos un taxi que nos dejó en la frontera y caminamos hasta la salida. Salimos sin problemas, por las compuertas. Los lobos de la manada y los alumnos de la universidad lobuna no tienen restricciones para ir y venir. El problema tal vez sería ingresar de regreso a la universidad con nuestros “suministros de primera necesidad”, pero esa era la razón por la que “la maniobra” se hacía por la noche. 

Cruzamos un bosque, hasta llegar a un pueblo humano, Kael se movía por los pasillos de la tienda de suministros, como si fuese algo habitual para él; yo, en cambio, me sentía fuera de lugar. Jamás había estado en medio de un pueblo humano. Me limité a permanecer dos pasos más atrás de Kael y él compró todo lo necesario. 

Al volver, caminamos de vuelta por el bosque. Abrimos una barra de chocolate y la repartimos. 

- Estás más animada - dijo de repente.

- No sé a qué te refieres.

- Bien… seguiremos fingiendo que nada pasó - dijo Kael con una sonrisa. 

- No es necesario fingir… realmente nada ha pasado - dije

- Entonces, ayer, Alfa Ryan y tú… no pasó nada. 

- No pasó nada - dije - bueno… Fue un segundo y casi nos besamos… pero en verdad no fue nada - Kael asintió con una sonrisa, como si no me creyera - De todos modos, ya lo viste, Alfa Ryan tiene una pareja. Y yo… no soy nadie. 

- ¿De verdad vas a compararte con esa loba con cara de ratita despeinada?

- Kael - reí - Da igual… La conexión de pareja es algo sagrado. Yo no me voy a inmiscuir en nada, sabiendo que él tiene a su mate. Conozco mi posición… es más fácil ser invisible. 

- Dudo que ella sea su mate… - dijo pensativo - más bien lo que veo es que él la rechaza todo el tiempo.

- Da igual… yo ya terminé con los Alfas - le dije.

- Cualquier lobo tendría suerte de tenerte. Incluso un Alfa o un Rey Licántropo… o un vampiro tal vez - Me miró con una sonrisa.

- Cierra la boca y dame más chocolate. 

Se escucharon pisadas en la nieve y nos detuvimos. De repente y sin previo aviso, diez rouges nos rodearon. 

- ¿Qué quieren aquí? - dijo Kael.

- No te preocupes… - dijo uno de los renegados - solo queremos divertirnos un poco. Nos dijeron que una loba cruzaría por aquí, que suerte hemos tenido de encontrarlos, en medio de este bosque. Solo queremos divertirnos un poco. Llevamos semanas solos. Tu debes entender ¿No?

- Déjenla en paz.

- Suponíamos que opondrías resistencia - dijo - chicos, a él. 

Los diez lobos se abalanzaron para atacar a Kael. Corrí a ayudarlo.

- ¡Alex, corre! - dijo Kael, mientras le hacía frente a los renegados.

Si pensaba que le iba a hacer caso, estaba demente. Me abalancé sobre uno de los lobos con un giro hice sonar su cuello y cayó sin vida.

- ¡Maldita perra! ¡Por ella! 

Nos enfrentamos a ellos, aun con la desventaja de que ellos tenían garras y nosotros. Éramos dos híbridos sin lobo, contra diez lobos enteros. Lo único que teníamos a favor era nuestro entrenamiento. Peleamos por un largo rato y, por supuesto, como Alfa Ryan había dicho, los lobos no esperaban turno, se abalanzaron todos a la vez, intentando desgarrar lo que fuese que tuviesen a mano. Una garra hirió mi muslo, pero no me detuve. 

Kael peleaba con tres y yo, con dos, ya habíamos derribado a cinco, cuando vi, que uno de los lobos que peleaba contra Kael, sacaba un gran cuchillo y lo enterraba en el costado de mi amigo. 

- ¡Kael no! 

Kael continuó peleando con dificultad y aun así mató a dos lobos más. Yo giré y tomé el cuchillo del lobo muerto que había apuñalado a Kael y maté de un solo golpe a los dos lobos que me atacaban, el lobo que quedaba, se vió solo y salió corriendo. Fui hasta mi amigo.

- Kael - dije intentando mirar la herida.

- Estoy bien… no es tan profunda - dijo - solo arde un poco. 

- No podrás caminar con esa herida… debemos esperar a que sanes para avanzar.

- Nos pillará la nevada, Alex. Debes ir rápido de vuelta a la manada. 

- No me iré sin ti - dije, decidida. Antes huí por temor, ya nunca volvería a hacerlo.

Caminé junto a él, hasta una cueva que habíamos visto en el camino: Eso tendría que ser suficiente, al menos hasta que pasara la nevada.

- Aún estás a tiempo, Alex… yo podré pasar la nevada aquí y tu…

- Estás loco - le dije - ¿Y dejarte con todos los suministros aquí? Te los comerás tu solo. Ni hablar.

Sonrió con dificultad.

- Ahora, ábrete la camisa, déjame ver cómo está eso.

- Jamás una chica me había pedido que me desnudara de ese modo - bromeó Kael

- Cállate, estúpido - me burlé - Ahora haz lo que te digo. 

- ¿Siquiera sabes de heridas? No eres enfermera

- Claro que sé… ¿No te lo he dicho? Yo iba a ser una Luna, y sería la mejor - reí de mi propia desventura. 

Kael se levantó la camisa y pude ver la herida. Lo que me temía: La herida no solo estaba infectada, el cuchillo con el que hicieron el corte, estaba envenenado. Sin que pudiéramos suministrar los antídotos en los próximos minutos, mi amigo estaría irremediablemente muerto.

- Está envenenada - No quise mentirle. 

- Me lo suponía… la hoja entró y sentí que algo ardió más de lo habitual - Cerré los ojos - Alex, tienes que irte de aquí… la tormenta te atrapará y tendrás que pasarla en compañía de un cadáver.

- No digas eso, encontraremos la solución.

- No tenemos solución, Alex - El veneno está actuando, lo siento en mi sistema. 

Cerré los ojos. Tenía miedo. Pero no por su muerte, sino por lo que estaba a punto de hacer y es que, en el momento que curara a Kael, él sabría inmediatamente que le he estado mintiendo a todos, incluso a él todo este tiempo. Pero no podía dejarlo morir así. Ya no podía seguir huyendo de mi destino.

Busqué a mi alrededor algo con filo, hallé una piedra: eso tendría que servir. La acerqué a mi brazo e hice un corte largo. La herida de Kael era grave, por lo que necesitaría de más que unas gotas. 

- ¿Qué estás haciendo? - preguntó

- Bebe - le ordené.

- Alex no creo que… - me habló sin entender, yo lo interrumpí

- No hables más y bebe. 

Me miró con recelo, luego acercó su boca hasta mi herida y bebió de mi sangre. Observé cómo la herida empezaba a sanar. Sentí como mi loba empezaba a empujar, esta vez con más fuerza. la bloqueé con fuerza, pero la sangre drenada de mi cuerpo, hizo que mi cuerpo se debilitara.

- Está sanando - Dije. 

- Alex - dijo, al levantar el rostro - Tú no eres una híbrida.

- No lo soy - Mi loba volvió a empujar para salir. Noté como una pequeña pizca de su esencia se colaba y salía. La contuve con todas mis fuerzas.

- ¿Qué eres entonces? - bajé el rostro sin responder. Kael continuó - Eres una loba blanca pura. 

La debilidad me ganó y caí desmayada. 

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