12. LA LOBA DE MIS PESADILLAS

ALEX 

Fuí hasta los vestidores y me quité la ropa, me envolví en la toalla y caminé hacia las duchas.

El agua tibia confortó mis músculos cansados, me dolía cada centímetro del cuerpo, cualquiera que me viera habría pensado que era una loba débil. Y es que solo había corrido por cinco horas, maldita sea, y mi aspecto era de un lobo que había pasado por una guerra a muerte con un ejército de monstruos invencibles. El asunto es que, mientras mis otros compañeros solo corrieron esos cuatrocientos kilómetros, yo había llevado sobre mi a mi loba, luchando constantemente por salir de sus ataduras. Mis manos y todo mi cuerpo temblaba, resultó un esfuerzo mayor al habitual el cerrar la manilla del agua de la ducha. Sentía todo mi cuerpo pesado y deseando un descanso. Al menos, podría llegar arrastrándome al carro y allí dormir hasta llegar a la casa de la manada.

Salí de la ducha y me envolví en la toalla. Caminé hasta los vestidores y fui hasta la banca donde había dejado toda mi ropa, el equipo de entrenamiento y la chaqueta de Ryan Morgan. Observé por todos lados, no estaban mis cosas.

Pensé que, tal vez, me había equivocado de banca y busqué por todos lados, pero mi ropa no estaba en ninguna parte: Alguien se la había llevado. 

Sin saber bien qué hacer, fuí hasta la puerta de entrada de los vestidores, pero la puerta estaba cerrada con llave desde afuera.

<<Estoy encerrada… ¿Habrán creído que no había nadie?>>

- ¡Abran la puerta! - Empecé a gritar y a golpear, para que alguien viniera a ayudarme - ¡Por favor! ¡Estoy aquí! ¡Estoy encerrada!

Pasaron largos minutos, pero nadie vino. Ya era tarde, muy tarde, cuando terminamos de entrenar. Probablemente no quedaba nadie en el campus. Me estaba congelando y ya estaba muy cansada

- Ayuda… por favor… Estoy aquí

Sentí como poco a poco mi cuerpo desfallecía, hasta que caí desmayada.

RYAN 

Fuí hasta el carro y esperé a Alex, pasaron varios minutos, me mantuve en silencio, luego encendí el motor, para encender la calefacción, el tiempo estaba frío, en pocas semanas empezarían las nevadas. Encendí la radio y puse una melodía pausada, pasaron un par de segundos, cuando oí la voz de Raven en mi cabeza. Sabía que el pulgoso no me dejaría en paz por mucho tiempo.

<<Fuiste demasiado duro con ella>> 

<<¿Cómo crees eso, chucho idiota… tú la has visto antes, correr cuatrocientas vueltas en un campo de entrenamiento no es nada para ella>> dije

<<¿No te diste cuenta lo cansada que estaba. Sus piernas temblaban… debes aceptarla por lo que es… ella es una Omega, no puedes exigirle lo que rinden los guerreros Elite>>

<<Ella puede hacerlo, Raven… Sé que puede superar a todos y lo hará>>

<<Estás demente, humano idiota. Vas a romperla si sigues así. Estás exigiendo que una Omega, híbrida, sin lobo, rinda y supere a Licántropos de Élite entrenados>>

<<No tenemos más remedio, perro estúpido. Si esa maldita profecía no existiera, todo esto me daría igual. No necesito que sea fuerte para amarla. Pero si Alex no demuestra que es una loba especial, me temo que tarde o temprano nos veremos obligados a tomar una decisión>>

<<¿Y cuál sería esa decisión, si me puedes explicar?>> Sentía la cólera de mi lobo.

<<Decidir entre rechazar a Alex, o abdicar al trono licántropo>> dije.

<<Y si llega ese momento y te das cuenta de que ella no puede superar a la loba de la profecía ¿Qué decisión tomarás?>>

Mis pensamientos se vieron interrumpidos por un golpeteo en la ventana del carro, miré hacia mi costado, se trataba de Madison: La loba de mis pesadillas. 

Bajé el vidrio del carro y la miré

- ¿Cómo estás, mi Rey Alfa?

- Madison

- Te vi de lejos y quise venir a saludarte.

- ¿Qué haces aquí a esta hora?

- Me quedé estudiando en la biblioteca y me quedé dormida sobre mis libros… - dijo fingiendo ternura y es que esta licántropa tiene de tierna, lo que yo tengo de princesa. 

- Vete a casa Madison.

- ¿Y tú qué haces? - dijo, sin prestar atención a mis palabras - ¿Estás esperando a alguien?

- No es tu asunto. 

- No tengo a nadie que me lleve a casa ¿Puedes llevarme tu?

- No

- Oh, por favor. Serán solo unos minutos, sabes que no vivo lejos de aquí.

- Puedes irte caminando. 

- Tacones - dijo, mostrando sus botines de tacón.

La miré cabreado. Si no fuese la hija de nuestro Gamma, no tendría que verla todo el tiempo; por otro lado si algo le sucedía, sería mi responsabilidad, por no ayudarla. No me llevaría más de diez minutos llevarla a su casa y volver, me dije.

<<¿Dejarás a nuestra reina aquí?>> Dijo Raven

<<Serán sólo diez minutos… ni siquiera se enterará. Así nos deshacemos de la molestia rápidamente>>

La molestia me observaba con una sonrisa. La miré cabreado. 

- Sube, rápido.

<<Junto a nosotros, no>> Dijo enojado, el pulgoso. Estuve de acuerdo.

Cuando Madison iba a correr hacia el asiento del copiloto le grité.

¡Sube! ¡Atrás!

Me miró con enfado, pero no desobedeció. 

Volvió tras sus pasos y se sentó atrás de mi asiento. Me llegó su olor empalagoso a caramelo y chuche artificial. Por la diosa, como detestaba todo de esa licántropa.

No esperé a que se ubicara bien en su lugar y arranqué rápidamente hasta su casa. Giré con fuerza el carro y salí del estacionamiento, dando curvas bruscas: Este viaje no era de placer y ella lo tenía que saber. Se levantó del asiento y me rodeó con sus brazos desde atrás, detestaba sus manos sobre mi. Mi lobo rugía enojado. 

Madison no tuvo tiempo de hacer conversación siquiera, cuando llegamos hasta su casa. La chica se bajó, mareada, como si hubiese estado metida dentro de una lavadora en pleno ciclo de lavado. Caminó, humillada hasta su casa, sin despedirse, siquiera. Agradecí a la diosa de la Luna que el mensaje le hubiese quedado muy claro. Cuando noté que se iba a voltear a hablarme, arranqué nuevamente el carro y me fui, sin voltear a verla. 

<<Bien… con eso entenderá>> dije

<<¿De verdad crees eso? Las estadísticas demuestran que esa hembra no entiende que no nos importa, sin importar lo que hagas>>

Volvimos rápidamente al estacionamiento. Alex aun no había llegado. Estaba empezando a preocuparme. 

<<Tal vez llegó cuando te las estabas dando de héroe>> dijo el chucho tonto

<<Cállate>>

Salí del carro y volví al campus, mirándo en todas direcciones, esperando verla en alguna banca sentada esperando. No estaba por ninguna parte. Volví al campo de entrenamiento, aun podía sentir su suave aroma allí, debía estar cerca. 

Corrí hasta los vestidores y golpeé a la puerta. 

- Alex, ¿Estás ahí? - Nadie respondió, pero su aroma se sentía intenso dentro de los vestidores. Ella estaba ahí.

Intenté abrir la puerta, pero estaba con llave. Era algo extraño, ya que los vestidores jamás quedan con llave, siempre están a disposición de poder ser usados. Miré hacia mi alrededor y, en un rincón, junto a la puerta, se encontraba mi chaqueta, junto con la ropa de Alex y, en una bolsa, el equipo de entrenamiento que había comprado para ella.

- Madison - Ardí de furia al entender la situación. Esa maldita loca había sido la responsable de todo esto. 

Forcé la manilla, hasta quebrar la puerta y abrirla. Alex estaba en el suelo tirada, helada y sus nudillos heridos… ¿Por qué no, simplemente, había tirado la puerta? Ella podría haberlo hecho, lo sé. Me sentí como un estúpido al haberla exigido hasta más allá de su límite. La tomé en mis brazos, la acerqué a mi cuerpo para darle calor y me forcé a no mirar hacia abajo: estaba cubierta, únicamente con una toalla. Rocé mis labios contra su piel, olí su exquisito aroma y besé su cuello. 

<<Y si llega ese momento y te das cuenta de que ella no puede superar a la loba de la profecía ¿Qué decisión tomarás?>> Volvió a preguntar Raven en mi cabeza.

<<Si no puedo estar con ella por ser el príncipe licántropo, entonces abdicaré al trono>>

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