Mundo ficciónIniciar sesiónDesperté cubierta por las sábanas en la habitación de la casa de la manada. El fuego estaba encendido, y el calor me confortaba.
Abrí mis ojos. Mi madre estaba junto a mi cama. Me incorporé y ella se exaltó al verme.
- ¡Alex! Está bien hija… todo está bien.
- ¿Qué ocurrió, mamá? ¿Cómo llegué hasta acá?
- El hijo del Rey te trajo… estabas - No sabía cómo continuar - Alex ¿Qué fue lo que pasó? ¿Él te atacó?
- ¿Qué?
- Solo tienes que decírmelo y tomaré todas nuestras cosas y nos iremos de aquí
- ¿Qué? No… No, mamá… no ocurrió nada
- Entonces dime, ¿por qué llegaste así? En ese estado
Miré a mi alrededor, estaba envuelta aún en mi toalla y en mis hombros, tenía puesta la chaqueta de Ryan Morgan. Ryan me encontró.
Fuí a las duchas y me quedé encerrada… luego de mucho tiempo pidiendo ayuda, me desmayé. El príncipe Morgan tiene que haberme encontrado cuando estaba inconsciente.
Sentí una calidez en el corazón. Ryan Morgan seguía confundiéndome. ¿Me había ayudado solo por sentir que era su responsabilidad? Tal vez se había sentido mal después de llevarme a entrenar al punto del desmayo.
- ¿Estás segura de que no pasó nada…?
- ¡No, Clara! Por la diosa. ¿Cómo podrías creer algo así?
- Bien… - dijo mostrando alivio - Porque sería un gran problema si llegas a involucrarte con un licántropo de la familia real… recuerda que nadie puede saber de tu loba.
- Lo sé, mamá… hoy Amira despertó…
- Hum… - observó pensativa - Esperaba que estuviera más tiempo dormida…
- ¿Tu lo sabías?
- Claro que sí hija. Una loba blanca no muere fácilmente. ¿Recuerdas lo que decía tu padre? Una loba blanca pura es más poderosa que un Alfa. Si los Alfas no pierden a su lobo con el rechazo, los lobos blancos tampoco lo hacen.
- Es verdad… Debí sospecharlo. Fue la razón por la que me desmayé. Bloquearla y entrenar, fue demasiado esfuerzo.
- Entonces, debes aclarar las cosas con el rey… - dijo
- ¿Con el rey?
- Está furioso con su hijo… piensa que algo sucedió. Es mejor que vayas a aclarar, antes de que el rey quiera indagar más allá. No queremos que tu loba sea descubierta.
Salió de la habitación. Yo fui a buscar mi ropa. No la encontré en ningún lado. Tal vez la habían dejado en el armario. Abrí la puerta del armario y me encontré, nuevamente con bolsas de compras. Las abrí y habían prendas nuevas, abrigadas, acorde al clima. Supongo que el Rey, mi madre o Marie se preocuparon de que no tuviese ropa para abrigarme.
Saqué rápidamente las bolsas y me vestí con un pantalón y un chaleco grueso. Salí de la habitación y fui a hablar con el rey. No fue difícil de encontrar: Su voz retumbaba por toda la casa de la manada.
- ¡Es increíble! El heredero al trono dando semejante espectáculo
- Te repito por última vez, Alfa Morgan. Yo-no-la-toqué.
- ¿Entonces explícame porque venía de ese modo?
- La encontré así ¿Qué esperabas? ¿Que la vistiera yo mismo? Le puse mi chaqueta para que no se congelara y la traje hasta aquí
- ¿Por qué?
- ¿Porqué? - Repitió Ryan Morgan mofándose - ¿Acaso te olvidaste de que me encargaste su seguridad? Se estaba demorando demasiado y fui a verla.
- ¿Seguro que no es porque estás interesado en ella? - Me exalté al escuchar las palabras del rey. Me quedé en el umbral de la puerta, sin que pudiesen verme.
- ¿Interesado en ella? No seas ridículo Alfa Morgan - levantó la voz aún más - Cómo puedes pensar que yo esté interesado en una Omega híbrida sin lobo… - sus palabras se clavaron en mi.
Jamás había sentido tan herido mi orgullo. “Omega híbrida sin lobo”, con solo esas palabras me sentí caer al final del escalafón lobuno. El color de mis ojos no es usual, muchos han llegado a la conclusión de que soy una híbrida debido a ellos, la única prueba de que no lo era, era mi loba: Los híbridos no tienen lobo. Pero ahora, al todos creer que no tengo una loba, era evidente pensar que no solo soy una omega sin lobo, sino que, además de eso, soy una hibridación de lobo con algún otro ser. Un golpe duro para una loba blanca pura, de linaje Beta que estaba destinada a ser la Luna de una manada.
No iba a escuchar más de esa conversación, me acerqué a la puerta y carraspeé. Los ojos de Ryan Morgan se clavaron en mí, como si no esperara que yo escuchara lo que pensaba de mi.
- Pequeña - Dijo el Rey - Ya despertaste.
- Rey Alfa Morgan - dije algo seria y avergonzada - Solo venía a aclarar la situación. Yo me desmayé, luego de los entrenamientos y quedé encerrada en los vestidores. El príncipe Alfa Morgan solo quiso ayudar - Se produjo un silencio - Lamento causar inconvenientes, no se volverá a repetir. Si usted lo autoriza, solicitaré una plaza para vivir en el campus de la universidad - Sentía los ojos de Ryan fijos en mí. No lo miré.
- Por supuesto, si estás más cómoda así, pequeña, por supuesto que lo autorizo.
- Lamento que el joven Alfa Morgan haya tenido que pasar por este mal rato, intentando ayudarme y agradezco que haya ido a rescatarme. Espero no generar más molestias en el futuro - Hice una suave reverencia - Con su permiso, Rey Alfa, me retiro.
El rey Alfa me autorizó para salir y volví a mi habitación.
Me quedé en mi habitación el resto de la tarde. La situación había sido demasiado embarazosa para tener que mostrar mi rostro frente a todos. Ya era muy tarde y sentía hambre, pero permanecí en mi habitación, esperando que todos fueran a acostarse. Después intentaría escabullirme a la cocina. Mi mente pensaba en el estofado de verduras que preparaba mi padre para mi y se me hacía agua la boca.
Sentí que alguien golpeaba la puerta y me levanté a abrir. Cuando abrí la puerta, no había nadie allí, pero en el suelo se encontraba una bandeja con un gran plato de comida caliente recién servida. Miré hacia todos lados, no había nadie en el pasillo y las luces ya estaban apagadas. Tomé la bandeja y entré a mi habitación.
El caldo caliente reconfortó mi cuerpo y agradecí en el alma a quien había llevado el plato hasta allí.
A la mañana siguiente, me levanté temprano, más temprano que los demás. Desayuné y luego fui a mi habitación a preparar todo. Quería salir esa mañana de la casa de la manada y no tener la necesidad de volver por la tarde. Sería la última vez que abusaría de la “buena voluntad” de Ryan Morgan. ¿Sería correcto quedarme con la ropa del armario? Si no lo hacía, no tendría nada de ropa, así que decidí tomarlo de todos modos.
Salí de la habitación rápidamente y caminé directamente hasta la salida.
- Todo estará bien, Alex - escuché una voz y me volteé. Era Will
- Will. Buenos días.
- No estés frustrada, ni avergonzada - dijo, tomando una manzana del frutero - No has hecho nada malo y Ryan… Ryan solo es un tonto que no sabe tratar a las hembras… en el fondo es el mejor de los tipos
- ¿Por qué lo dices? - pregunté sin entender.
- Si yo hubiese estado en su lugar… ¿Crees que me habría aguantado a espiar debajo de la toalla? - mordió la manzana y me dio escalofríos.
Cerré los ojos y salí por la puerta principal. Ryan estaba sentado en el carro, frente a la casa de la manada, serio, mirando hacia el frente. Este viaje sería muy incómodo.







