61.
Alba
Durante todo el camino al hospital, Gian permaneció callado y pensativo. Sus palabras sobre la cesárea resonaban en mi mente, pero tenía miedo de protestar por temor a que se enfureciera y ordenara que me hicieran dar a luz ese mismo día.
Mi bebé pateó, y toqué suavemente mi vientre cuando llegamos al hospital.
—¿Se está moviendo? —preguntó Gian.
—Sí —respondí sin apartar la mirada de mi vientre, al cual le estaban saliendo bultos—. Está muy activo.
—Es un niño sano.
De nuevo, puso la mano