37.
Alba
Después de reír con Cristel, me tocó hacerlo con José mientras me dirigía de regreso a la librería. A mi nueva jefa le había dicho que saldría a almorzar con mi padre, y como ya se lo había comentado a Gian, dudaba mucho que le reportara mis movimientos.
—Esos dos estúpidos lo creen todo —le conté entre risas—. Me aman, por eso cayeron tan fácil. Menos mal que esa secretaria no dirá nada; mi exsuegra me ayudó a callarla, la sobornó.
—Me das mucho miedo, Alba, pero me encanta lo que estás h