36.
Alba

Gian estaba cayendo más fácilmente de lo que creía. Se tragaba sin dudar mis palabras de amor, así como yo llegué a tragarme las suyas alguna vez.

El sentimiento de satisfacción era aún más fuerte que el de la pena. Aun así, no dejaba de dolerme hacerlo; todavía conservaba un poco de corazón después de todo.

Antes de entrar a casa, le advertí a Gian que tanto Gabrielle como papá pensaban que seguía embarazada. Él me miró con dolor, pero accedió a no desmentirlo.

En el fondo, me parecía
Anna Roma

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