El auto de Luigi se detiene frente a la mansión, ese lugar que durante años llamé hogar y que ahora solo percibo como una jaula de oro donde dejé gran parte de mi juventud. Bajo del vehículo con la frente en alto, ajustándome el abrigo y respirando profundo. El me mira desde el asiento del conductor con mucha preocupación, pero le regalo un gesto de seguridad; hoy no saldré de aquí siendo la mujer sumisa que cruzó esas puertas por última vez.
—Estaré esperando aquí mismo, no tardaré nada —le dig