Solté la manija de la gran puerta principal y caminé de regreso al vestíbulo, acomodándome el vestido con una furia desbordante que me encendía las mejillas. Nikolái y su abuelo me observaban fijos, pero mi atención se desvió de inmediato hacia los dos pequeños que temblaban junto a la pared. Me arrodillé frente a ellos, tragándome la rabia para que mi voz sonara dulce y protectora, tratando de borrar la escena anterior.
—¿Quién era esa mujer, mami? ¿Por qué esa señora gritaba tanto en nuestra p